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lunes, 14 de abril de 2014

Ponerse histéricos y no históricos

Hace miles de años, tenía yo un novio muy sabio (y más para la edad que tenía) que cuando nos peleábamos decía que uno tiene que ponerse histérico y no histórico. Es una gran frase y pasará a la historia como una de las grandes enseñanzas. 

La cosa es que miles de años después, yo sigo tratando de aplicarla en mi vida diaria. Digamos, por ejemplo, ayer cuando Don Gelatina tuvo a bien tener una de sus reacciones en automático que me hacen sentir que ni yo ni mis cosas no le importan. Alguien más, alguien que supiera ponerse histérico solamente, le habría dicho que hiciera el favor de fijarse que le estaba diciendo algo que era importante y que no jodiera. 

Pero yo todavía me pongo histórica. Entonces me emputé, puse mis barreras y usé las palabras que uno no debe usar en las peleas: "nunca" y "siempre", que lo único que hacen es agrandar la pelea. Al final lo arreglamos, porque los dos queremos que las cosas funcionen, el tema en cuestión realmente no era algo grave y tenía una solución. 



Yo sé que he mejorado a la hora de lidiar con ciertas cosas de él que me molestan. Pero es difícil dejar ir el pasado y lograr que no sea un motivo más en la pelea. Es difícil borrar los días en que sentí que aún cuando todo había cambiado entre nosotros, yo era poquito. Que yo no tenía voto en la relación y que él en realidad prefería hacer las cosas sin mí. 

Hoy no siento nada de eso. Hoy sé que esas no son ciertas. Hoy sé que soy importante en su vida. Que mi voz tiene un peso. Que él quiere que yo esté en su vida y se está esforzando para que eso pase todos los días. Y aún cuando hay ciertos No contra lo que siento que no puedo luchar y que el único argumento que recibo es "porque no", he ganado muchas batallas y él ha descubierto que se puede ser feliz abriendo un espacio en su vida para mí. 

¿Entonces cómo carajos hago para que eso sea lo que esta en mi cabeza cuando él activa el botón de "hagámosla sentir como si no valiera nada"? 

Y en una segunda pregunta de investigación por si alguien se anima a ayudarme, ¿cómo hago para que él termine de entender que él es lo que yo quiero? Resulta que empiezo a creer que para él también es difícil no ser histórico y soltar sus creencias de que yo estoy buscando "un novio normal", que para rematar yo ni siquiera sé qué es lo que significa para él. Ya no sé cómo explicarle que lo que tenemos: una vida donde nos divertimos profundamente, donde compartimos nuestras pasiones, donde me siento oída, querida y valorada, donde no me aburro y donde sé que soy valorada por lo que soy... es lo que quiero y lo que me hace bien.

Así que para los que andan contando los minutos para que empiece semana santa y nos podamos ir a descansar, bien pueden usar su tiempo ayudándome a resolver mis preguntas.  


domingo, 10 de marzo de 2013

Lo que realmente quiero

Hace unas semanas me fui a desayunar con una amiga. Ella llegó empoderada de sí misma. Con las cosas claras sobre qué quiere en su vida y qué es necesario para lograrlo. Una parte de mí, esa que se siente nadando en gelatina la envidió un poco. El resto la admiró. 

Salí del desayuno y decidí que aunque hay muchas cosas que no puedo cambiar en este instante, que son cosas que requieren procesos que ya he iniciado... hay algunas que sí puedo cambiar. Así que fui a cambiarlas. Hablé, dije lo que pensaba y sentía y a cambio recibí respuestas que realmente no me esperaba. 

Desde ese día he pensado mucho acerca de lo que quiero. Y en términos de pareja, creo que cada vez lo tengo más claro. Hay muchas cosas que me gustarían en un hombre: que le gusten los gatos, que tenga un trabajo chévere pero que no sea workoholic, que no fume, que quiera viajar conmigo, que tenga una buena nariz y un mejor rabo... pero esas cosas no son las más importantes. 

Lo realmente importante es que quiero a alguien con quién yo me sienta cómoda de ser quién soy. 

Y es que ese ha sido uno de los grandes problemas en mi vida. Me he dado cuenta que muchas de mis parejas nunca realmente me aceptaron o quisieron por lo que soy. 

Estaba el Ex, por ejemplo. Ese estoy segura que se sintió siempre atraído por lo que soy, pero siempre me quiso por lo que yo podría ser. No por lo que era. Sé que en el fondo, él estaba convencido que yo podría cambiar y convertirme en esa que quiere ser mamá de mil niños, usa aretes de perlas, quiere ser profesora en un pueblo miserable en donde él tenga su casa de campo y que deje que su vida sea más importante a la mía. Claramente yo podría serlo (solo se requiere de una rápida lobotomía) pero no lo fui y no lo seré. 

O están otros como Mr. M que quisieron ver algo que no soy y una vez descubrieron la realidad se dedicaron a rechazarme. No voy a negar que por el camino estuvo el novio-número-dos que me quería por lo que soy pero al mismo tiempo (y con buenos motivos, no voy a negarlo) jamás pudo acercarse a mí, porque temía lo que puedo ser. Y eso tampoco ayudó a la hora de construir la creencia que lo que soy no me permitirá tener a alguien. 

Pero en el proceso estuvo Open-Boy, que tal vez fue el primero en amarme por lo que soy, sin querer cambiarme. El tiempo ha pasado y su amor dejó en mí, la confianza de que es posible ser amada sin necesidad de cambiar. 

Hoy, luego del harakiri-amoroso, luego de la terapia, luego de tantas horas de hablar y pensar acerca del tema, luego de sentirme cómoda ciertos domingos cuando paseo por la tierra de Shakespeare, entiendo que lo que realmente quiero es a alguien con quién yo me sienta cómoda. Alguien con quién no tenga que ser más de lo que soy para ser amada pero que al mismo tiempo me empuje a ser cada vez mejor. 

Estoy en un momento donde veo que eso es posible. También veo que eso, al menos hoy, tiene un costo que no sé si quiero pagar. Pero el sentirme cómoda, sin fingir y al mismo tiempo oyendo que puedo ser mucho sin traicionarme a mí misma... eso me ha dado una tranquilidad que no pensé que jamás podría tener. 





domingo, 13 de mayo de 2012

Canciones para salvar tu vida

Vino Paul McCartney a México y por muchos motivos yo no pude ir, cosa que me sigue doliendo. Más cuando todas las reseñas del que hizo en Bogotá fueron absolutamente maravillosas. Hasta Gaby dijo que era como haber visto un unicornio (aquí su entrada). Yo me tuve que contentar con verlo por internet y pensar que eventualmente volverá y yo lo podré ver como toca. 

Y claro, la emoción no fue la misma. No había gente a mi alrededor, mi pantalla es chiquita y yo estaba muy cómoda en mi silla. Pero de repente tocó Blackbird. Y yo lloré emocionada, igual que si lo hubiera tenido a un metro mío. 

Porque Blackbird es LA canción. Aquella que me ayudó a salir del peor momento. Esa que oía una y otra vez, tratando de creer que era cierto: 

"Take these broken wings and learn to fly  
All your life  
You were only waiting for this moment to arise"

La canción estaba en un cassette y yo aprendí cuántos segundos tardaba en devolverse para poder oirla sin parar cuando necesitaba sentir que no era el fin, que era un comienzo. 

Y así, cuando Paul McCartney la tocó, yo me transporté a esa tarde, un año después de terminar con Novio-Número-Dos, cuando tenía que llevarle algo que había escrito y que creía que era la mejor despedida. Tomé el carro de mi mamá, manejé las 4 cuadras oyendo solo esa canción. Le marqué y le pedí que saliera. Y mientras lo esperaba oía una y otra vez esas palabras con la esperanza de creérmelas. "All your life, You were only waiting for this moment to be free".



Como ya he dicho en este blog, yo no soy alguien particularmente musical. Eso ha quedado aún más en evidencia ahora que Mr. M ha aparecido en mi vida, cuya M podría ser por melómano. Conciertos, canciones, oye esta parte, son el día a día. En parte envidio un poco esa pasión que tiene. La mía esta dispersa en muchas cosas y siempre me he preguntado cómo sería ser así. Pero eso no significa que la música no sea importante en mi vida. Al contrario. Yo podré ser la que no sabe quién toca nada ni cual es el puente de una canción... pero yo necesito soundtrack en mi vida. De lo contrario me enloquezco. Y en los momentos difíciles, la música es aún más necesaria. 

El año pasado, durante el harakiri-amoroso, estoy segura que yo no hubiera podido salir del hoyo negro sin esas canciones que decían lo que yo estaba sintiendo. Así este blog se llenó de canciones: La primera y más difícil claro fue Somebody Loved de The Weepies, pero de ahí le siguió la lista de tristezas: The Humpty Dumpy Song de Travis, Los restos de nuestro amor de Fito Páez, Wake Up Alone de Amy Winehouse, They bring me to you de Joshua Radin,You Know Who I Am de Leonard Cohen y claro Soundtrack to the end de The Communist Daughter... 

"And they broke our hearts in two
While we walked away
So I just pushed on through
And I made my muscles move
'Cause I could never say

And all our hearts were breaking
There was music all around
And the walls were always shaking
'Cause our love was the sound
Our love was the sound"

Esas eran las canciones para llorar mi tristeza, para dejar salir el dolor y la frustración. Pero hubo una que me ayudó en la tarea de convencerme que había un "otro lado", que yo podía algún día recuperarme. Y entonces me dediqué a oír Her Morning Elegance y a creer que era cuestión de luchar por mi vida. Repetí esas palabras una y otra vez: 

And She fights for her life
As she puts on her coat
And she fights for her life on the train
She looks at the rain
As it pours
And she fights for her life



lunes, 13 de septiembre de 2010

Que para lo de la loba herida

De acuerdo con el novio-número-dos, la loba herida es aquella mujer que esta dolida porque alguien que ya no le interesa está con alguien más. Suena tonto y no sé si a los hombres les pase. Pero a nosotras nos pasa. Y mucho.

Y es lo que me pasa con Tattoo-boy. Desde que las cosas empezaron a darse con él, yo tenía clarisimo que no es el chico para mí. Aunque es inteligente y divertido y tiene cosas buenas. No es para mí. Somos totalmente distintos en términos de rutinas, gustos y actividades. Él es niño fiesta y yo soy niña hoy-es-martes-me-tengo-que-ir-a-dormir-mañana-trabajo. Y aunque a mí las niñas de la oficina me tildan de alternativa, en su mundo yo soy una yuppie, fresa, que usa ropa corporativa. Me miran raro cuando hablo de cumplir horario y no entienden que yo no pueda simplemente no levantarme a trabajar porque estoy cruda.

Pero con todo y eso, salíamos. Tengo la idea de que él en un momento se acercó a mí. Y yo no me dejé. Y el timing no nos ayudó. Teníamos algo chévere. A veces ibamos por un trago, a veces a cenar, de vez en cuando a cine. Y a veces pasaban cosas y a veces no. Y aunque eso me confundía, en el fondo nunca quise saber realmente qué quería él. Porque como bien he aprendido, uno no pregunta lo que no quiere saber. Así suene feo, era un plan B divertido.

Yo sabía que él salía con otras niñas. Hubo esa niña que le escribía cosas en su Wall de Facebook y que me generaba estrés porque me parecía needy, clingy y medio detestable. Pero él seguía apareciendo y yo seguía sabiendo que él no es para mí, como diría la canción de Fanny Lú.

Y entonces el viernes, en un momento de sentirme frustrada, decidí entrar un minuto a Facebook a olvidarme del mundo y me encontré en mí newsfeed una foto suya con el comentario: Tengo novia en el DF. Arghhh vida hp. Loba herida al 100. Y hoy decidí hacer mi actividad favorita, el cyber-stalking y encontré una entrada en su blog donde le cuenta al mundo que tiene novia. "So I have a girlfriend!!! Her name is XXX and she’s totally cool. I haven’t had a girlfriend since like sept of 2006 or something". Luego cuenta que no sabe muy bien cómo funcionará la cosa pero que esta contento.

Y yo de nuevo me ericé con mi alma de loba herida. Que si, que no era para mí, que jamás me lo tomé en serio, que si hubiera querido hubiera hecho alguito más, pero no importa. Me molestó. Hoy me molestó un poco menos que el viernes, pero creo que es el cansancio extremo en el que ando que ya no me deja ni sentir rabia.

Esta bien. Al menos no es con la niñita detestable.

sábado, 31 de julio de 2010

Sobre las ventajas de tener roomies Parte 2 y un hasta aquí llegamos.

Vivo en un departamento de 4 habitaciones. Dos de ellas ocupadas por las roomies originales quiénes idearon el plan de vivir juntas y rentar los otros cuartos. En el otro cuarto, han vivido 3 niñas desde que yo llegué. La ex-roomie, la otra roomie y la nueva roomie. La ex-roomie pronto se convirtió en una gran amiga y compañera de increíbles, como la exploración a Xilitla. La otra roomie fue una niña con la que a duras penas conviví y que nunca terminó de caerme del todo bien. Y ahora hay una nueva roomie. Que viene con otra energía y que me cae increíblemente bien. Que nos ha recordado a las roomies, que convivir es una gran idea. Que es mejor salir a la sala que estar cada una encerrada entre su cuarto.

Este fin de semana estaba cansada. Ayer llegué a mi casa con ganas de meterme entre mi cama y dormir horas y horas. Y luego de relajarme un buen rato, salí para encontrar en la sala a la nueva roomie, su novio y un amigo. Jugando RummyQ, tal vez el único juego que a mi familia le gustaba durante mi infancia. Así que terminé jugando feliz con ellos, recordando las jugadas que aprendí a hacer y riéndome feliz.

Hoy, Belly-dancing, otra de las roomies, cocinó y me invitó a comer con una amiga de ella. Y por la noche hubo un segundo round de RummyQ. Lo fantástico de la convivencia es que pude pasar la tarde echada en mi cama, sin hablar con nadie, durmiendo televisión. Y cuando quise socializar, fue cuestión de solo abrir la puerta. Maravilloso.

Y es que hoy no tenía tantas ganas de socializar. Por eso valoré tanto mi espacio de soledad en la tarde. Resulta, y aquí entra la segunda parte del título de esta divagada, que hoy era la última oportunidad que le iba a dar a novio-número-dos. Desde que llegó sólo lo he podido ver una vez en aquel almuerzo mítico. Nunca más se ha podido. Cuando llegó me llamó. Pero nunca más lo ha vuelto a hacer. Siempre soy yo. Y la que le dice que nos veamos, siempre soy yo.

El otro día lo llamé a decirle que nos vieramos y me dijo que no. Luego se colgó la llamada y la conversación murió. Asumí que se había quedado sin batería, pero nunca hubo un oye lo siento. Esta semana lo llamé a saludarlo y acordamos que haríamos algo este fin de semana. Luego le marqué un día para confirmar porque se estaba armando algo para hoy... no contestó. Le dejé un mensaje que nunca respondió. Ayer lo llamé y no contestó. Hoy fue lo mismo.

Ya sé que es muy triste que lo haya intentado tantas veces. Honestamente con él no me importa qué piense de mí. Si quiere creer que soy intensa, triste y/o patética, que lo haga. Ya hay demasiada historia como para que me afecte. Y si lo intenté tantas veces es porque por un lado es alguien a quien siempre voy a querer... y por el otro, es alguien de la casa, alguien de Colombia a quién no hay que explicarle los chistes, los dichos... y además, es de las personas que en algún momento de la vida llegó a conocerme tal cual como soy. Así que era fantástica la idea de tenerlo cerca en este lugar que habito.

Pero no le interesó. Pollo dice que él me tiene miedo y siempre va a tenerlo. Y la verdad es que él es alguien más práctico a nivel emocional que yo. No se desgasta. Y hoy en día tiene su vida armada, su novia con la que vive y su rollo echo. A lo mejor mi presencia en su estancia en México no le aporta nada.

Pero yo hubiera querido que eso fuera distinto. Finalmente con él ya no hay rollo amoroso, lo veo y ya no produce ni dolor, ni emoción mariposa ni nada. Es ver a un viejo amigo, cuyo recuerdo quiero profundamente. Y eso es algo que no tengo en mi vida diaria. Pero en la medida en que no lo tengo... no voy a desgastarme más intentándo tenerlo. Me dedicaré a continuar haciendo mis cosas, en este esfuerzo por estar bien emocional, física y profesionalmente.



martes, 13 de julio de 2010

Una buena comida...

Nos costó mucho lograr ponernos de acuerdo. A su celular no llegan los mensajes de texto entonces aquellos que le mandé se perdieron en el espacio. Así que fue un poco complicado. Pero hoy logramos sentarnos a comer/almorzar. Novio-número-dos y yo nos sentamos en la misma mesa y hablamos y comimos.

Y todo fue como siempre. El tema fluyó y fue una conversación increíblemente agradable. Él notó los cambios más visibles: preguntó por el reloj en mi muñeca. Y cuando le respondí que era de mi abuelo y le dije que era un tema que no había superado me dijo que dejara de pensar que era la pérdida de un abuelo y entendiera que fue la pérdida de un padre. Que no lo superaré nunca, simplemente aprenderé a vivir con esa ausencia.

Noté sus cambios y quise hacer más preguntas. Pero era una simple comida así que el tiempo como siempre no nos alcanzó. Y aunque recordé que él no es muy efusivo, supe que a él también le alegraba verme.

***

Ayer tuve otra fantástica comida. Y volví por la tarde con otra sonrisa, sintiéndome contenta.

Entonces una vez más me demuestro que es cuestión de salir y buscar las cosas que me hacen bien. Dejar de hacer las cosas que me hacen daño, rodearme de los que no sirven para nada y salir del encierro.

sábado, 5 de junio de 2010

La pérdida de un amigo...

Hace unos días escribí un post sobre la importancia de las relaciones. Y hablé sobre un amigo que ya no es mi amigo.

V.

Hoy su ausencia me duele. La relación con V siempre ha sido un poco extraña. Lo conocí en la excursión y nos hicimos amigos. Vivíamos cerca. Y pronto empezó a gustarme. Iba a mi casa y me leía poesia. Nos coqueteábamos y de tanto en tanto, me abrazaba y a mí me daban mariposas. Pero V tenía novia. Una niña rara con la que tenía una relación MUY rara. Aún así, V pasaba sus viernes en mi casa. No en la de la novia. Nunca tuvimos nada. Nunca pasó de abrazos largos y conversaciones eternas. Los meses pasaron y de repente yo me cuadré con Novio-número-dos y ya nada más importó. Pero V por ahí seguía apareciendo.

Cuando a mi mamá le diagnosticaron cáncer una de las pocas cosas que recuerdo fue contándole a V en mi carro. Me tomó la mano y se portó como el gran amigo que él sabe ser. Pero la entrada a la universidad cambió a V. Dejó la mochila y la poesía y se convirtió en un javeriano ingeniero. Las cosas de él que nunca me habían gustado se potencializaron y él afianzó la relación con la novia rara. Así que nos alejamos. Nos encontrábamos en fiestas y en cumpleaños pero ya no era lo mismo. Y muy pronto dejamos de hablarnos.

V siempre ha dicho que durante esos años yo lo odié. Eso nunca fue cierto. Simplemente dejé de pensar en él. Pasaron muchas cosas. Su novia, la hermana de mi mejor amiga, sus amigos que nunca me cayeron tan bien. La distancia. Chismes. Y al final él se alejó no sólo de mí sino de mi círculo social.

Y una tarde, muchos años más tarde, él buscó a mi mejor amiga. Quería reconciliarse con ella. Y por el camino se reconcilió conmigo. Y empezó una de las épocas más felices de mi vida. Recordé lo maravilloso que era tener a V en mi vida. Lo divertido que era. Lo especial que es. Los tres estabamos solteros y nos dedicamos a salir. Fue el año de grandes cambios en mi vida, fui a Europa, renuncié a Gravitas, me corrieron de Dattis y decidí venir a México. Y durante todo eso, él estuvo ahí. Durane largas noches de alcohol, tardes de café, paseos en mi carro y muchas, muchas, muchas conversaciones.

Mi mamá siempre ha dicho que cada persona debe aportarle a uno algo. Y con V, yo compartía la parte emocional. A él siempre pude contarle mis sentimientos. De resto... era un poco complicado hablar. Las conversaciones con él eran difíciles y al profundizar sobre ciertas cosas siempre salíamos peleados. Ahora, unos años después, creo que lo que más nos unía era la parte emocional y el poder compartir un estilo de vida. Fue un gran año.

Pero ese año terminó y yo me vine aquí. Las cosas inevitablemente cambiaron. Pasaron muchas cosas en mi ausencia y él se refugió en mí para consolarlo. Mantuvimos la cercanía a pesar de la distancia. Seguimos estando. Pero como todo en la vida, el mal momento pasó para él y de repente se encontró en un gran momento. Buen trabajo, tranquilidad emocional y junto a la niña que siempre ha querido.

Y entonces recordé que V no es bueno siendo amigo cuando esta enamorado. Seguramente yo también hice cosas que me alejaron. Al final del día, yo me fui de Bogotá y dejé de compartir la rutina y la vida diaria con él. Y asumo eso plenamente. Pero este espacio es mi lugar para contar la historia desde mi punto de vista. Y como yo lo veo, la distancia nos ganó. Él dejó de tener tiempo para llegar a su casa y llamarme. Jamás ha sido bueno escribiéndome. Y yo empecé a resentir la distancia. El tiempo fue pasando y cada vez dejamos de compartir nuestras vidas. Nuestros sentimientos.

El año pasado, durante el horrible diciembre... debo ser sincera y aceptar que no lo sentí cerca. Cuando le dije que iría a Colombia su postura fue: no voy a tener tiempo. Y durante los poquísimos días que estuve allí, fue claro que no lo tuvo. Salimos una noche los dos solos, y aunque estuve contenta de verlo, también fue muy evidente que ya nada era como antes. Que las cosas se habían roto.

Seis meses han pasado desde que nos vimos. Y la distancia nos terminó de ganar. Se convirtió en un amigo de conversaciones casuales por messenger. Ese amigo, que olvidó el día de mi grado y que no escribió el día de mi cumpleaños. Ese, que no extrañé en mi cumpleaños.

Y sé que esta bien. Sé que el cariño perdura, tan sólo ya no existe como parte de mi vida. Y no tengo clara la respuesta de si realmente lo quiero de vuelta. Sé que si estuviera 100% segura, hubiera hecho algo. A cambio escribo este post. Tal vez se lo mande, como quién pone una carta en una botella y la tira al agua. Tal vez no le diga nada.

Hoy solo sé que su pérdida me duele.


martes, 25 de mayo de 2010

La felicidad y las relaciones

Hace algún tiempo oí en uno de mis podcasts sobre un estudio acerca de la Felicidad. Su director, George E. Vaillant, quiso explorar este tema y ver qué hace que una persona sea o no feliz. Para eso, realizó uno de los estudios longitudinales (Já! no he olvidado mis clases de metodología) en la historia. Durante más de 70 años, estudió a un grupo de 268 hombres que a finales de los años 30 ingresaron a Harvard. Así los ha estudiado mientras ellos estudiaban, se graduaban, casaban, divorciaban, eran padres, trabajaban, etc.

Alguna vez lo entrevistaron y le hicieron la pregunta obvia: ¿Qué había encontrado gracias a su estudio? y la respuesta es maravillosa:

“That the only thing that really matters in life are your relationships to other people.”

Hoy cuando pienso en los momentos de mayor tristeza y depresión de mi vida, me doy cuenta que han sido los momentos en donde menos personas cercanas tenía. Hace 10 años, cuando fui tan profundamente infeliz, me había alejado de mis amigos, a duras penas le hablaba a mi papá, la relación con mi mamá era pésima, las cosas con mi novio eran un desastre y mi familia era un grupo de extraños amistosos. Y fue ahí donde caí en la depresión y donde toqué fondo con los problemas y circunstancias de mi adolescencia.

Gracias a ese momento aprendí que era básico mantener a mis amigos cerca y no permitirme jamás cambiarlos por un noviazgo. Cuando empecé a salir con el Ex, lo primero que hice fue aclararle que mis amigos estaban primero, ya que durarían más que él. Y tal como lo predije, el Ex pronto fue Ex y mis amigos ahí siguieron.

Pero la familia no era tan importante para mí. No era una relación determinante.... Hasta que me vine a México y los extrañé. Y hasta que pasaron tantas muertes en el 2009 y me di cuenta que mi familia es una red de apoyo increíblemente fuerte, que me da ánimo de seguir adelante y que no deja que yo me rinda.

Leo y releo la frase y pienso en cuanta razón tiene. Y entonces pienso en los amigos que he perdido. Además de la muerte, las pérdidas de mis amigos, son las cosas que más me duelen en la vida. Algunos de los que perdí los recuperé en la distancia y ahora la relación se limita a ser algo cordial a través de Facebook. Otros no han vuelto. Al día siguiente de mi cumpleaños, me llegó un correo felicitándome de quién en un momento de mi vida fue mi mejor amigo. Sentí algo horrible cuando me di cuenta que ni siquiera había notado que él no me había escrito. Y sé que es normal que las relaciones cambien, que la gente se aleje y se acerque durante la vida. Pero fue feo darme cuenta que una de las relaciones que tanto había significado, ya no es nada.

Y la verdad es que al vivir lejos muchas relaciones se pierden. Relaciones que dependían de la cercanía física y de una rutina de eventos compartidos. Creo ser buena en darle continuidad a mis relaciones, pero es muy triste cuando me doy cuenta que en algunas de las que más me importaban, fracasé. A eso debo sumarle, que este año cometí un gran error con un amigo al que quería mucho. No creo haberlo perdido del todo, pero sé que ya no es lo mismo. Así que si pudiera cuantificarlo diría que estoy en un déficit de 1.5 amigos. 1.5 relaciones que aportaban a mi vida y hacian que fuera más feliz.

Esto no quiere decir que no haya ganado gente en estos años en México. Y hoy tengo algunos amigos que no tenía cuando ese 1.5 amigos estaba en mi vida... pero con ellos dos la relación era mucho más profunda y valiosa que los otros que he encontrado desde entonces.

Entonces habrá que fortalecer las relaciones que tengo...

***
Un gran artículo sobre ese estudio:
http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2009/06/what-makes-us-happy/7439/1/

sábado, 1 de mayo de 2010

Nostalgia de los 90's

Esta fue una semana MUY intensa. Tan intensa que ni siquiera acepté que estaba incapacitada. Y en medio de las carreras y el estrés, me llegó un mail de Novio-número-dos, diciendo que viene a México por 10 semanas a un summer job.

V habla del ex-novio trauma y ese en mi caso claramente es el Ex. Pero Novio-número-dos fue el novio que definió el estándar de qué era estar enamorada, que era querer a alguien con todas mis fuerzas y que fue sentir que jamás lo superaría. Al día de hoy sigue siendo el novio más parecido a mí. Después de terminar con él dejamos de hablarnos por 5 años. Y aún cuando dejé de pensar en él, de recordar su exisstencia y dejó de dolerme, nunca dejé de extrañar un poco su presencia en mi vida. La verdad es que antes de ser Novio-número-dos, él fue mi primer mejor amigo. Nos gustaba el mismo cine, los mismos planes, libros, etc. Y aunque él era fan total de Metallica y yo no, en el resto de la música coincidíamos. Y ahora pienso que eso era lo que más extrañaba de él. Más que el novio, yo extrañaba al amigo.

Cuando terminamos pensé que jamás dejaría de doler. Y por cinco años no nos hablamos. Y luego, un día, mi mejor amiga logró que habláramos. Y la química seguía intacta. La misma conexión profunda que tuvimos desde el día que nos sentamos en un café a contarnos nuestras historias de dolor. Así que él volvió a estar en mi vida. Y por un momento en la historia, hubo algo parecido a un dating. Pero el daño que yo le hice cuando terminamos no se había ido y a él le daba pánico acercarse. Yo recuerdo tener mis propios issues al respecto pero hoy ya no sé cuáles eran. Así que nos volvimos a alejar. Pero ya no fu tanta distancia, a veces comíamos, a veces hablábamos y era tenerlo en mi vida de alguna forma y eso esta bien.

Y entonces esta semana me entero que viene a vivir a mi ciudad. Y la verdad es que me da emoción. Y estando en esta emoción ahora veo muchas cosas que me recuerdan nuestro pasado. Han empezado a dar Dawson's Creek y hoy dieron la lista de las mejores canciones de los 90's en VH1... y el 90% de las que yo conocía, me recordaban momentos con él. Así que mientras descanso en mi cama.... recuerdo mi adolescencia y me pregunto cómo será ver al Novio-número-dos en México.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Historia 3: Voldemort

Antes de empezar con la tercera historia, es necesario mencionar un incidente muy extraño. Algo que además, me recordó la historia de Voldemort. El jueves fui a ahogar mi tristeza a Coyoacán con mi mejor amiga. Estabamos tomándonos una ginebra muy tranquilas cuando de pronto lo vi. En la calle del frente estaba Psycho-Jesus. No lo veía desde aquella fatídica segunda cita y ahora ahí estaba. En la ciudad de 20 millones de personas y yo me lo encuentro. Y me lo encuentro justo después de escribir sobre él.

Como pasaba con Voldemort.

Así que para continuar invocando mi mala suerte, hoy escribiré la historia de Voldemort.

Voldemort por supuesto no se llamaba Lord Voldemort, tenía un nombre, un nombre bonito incluso, pero dado que cada vez que contaba su historia, en menos de una semana me lo encontraba, mi mejor amiga de la universidad lo rebautizó Voldemor, El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.

Pero este es el final de la historia. A Voldemort lo conocí en mi segundo semestre de universidad. Un semestre fatídico en el que terminé con mi novio y lloré todos los días. Todavía estaba en ese período, cuando un viernes asistí a una reunión del periódico universitario del que hacia parte. Como invitado especial estaba Voldemort quién era un estudiante de noveno semestre de otra universidad. Diseñador gráfico o algo así. No era bonito. Yo no me fijé en él porque desde que había terminado con Novio-número-dos, yo no me fijaba en nadie. Yo sólo lloraba.

Pero aparentemente él si se fijó en mi. Y ese día me invitó casualmente a ir a cine con él y otros del periódico. Yo decliné la oferta sin pensarlo porque ya tenía plan. Una semana más tarde me encontré con él en frente de un ascensor de la universidad. Me dijo que le alegraba verme y que me estaba buscando. Que si quería salir con él. Yo había hecho planes con un amigo pero no eran definitivos. Así que quedamos en que me llamaría más tarde y cuadrabamos para vernos. Mi amigo llamó un rato más tarde y propuso que cambiaramos la salida para el día siguiente. Yo acepté feliz pensando que tendría mi date tranquila.

Voldemort llegó ese viernes a mi casa y me llevó a uno de los sitios a los que mi ex solía llevarme. Pero esto no me generó tristeza. Yo estaba tan contenta con Voldemort que ni me acordé del ex. Hablamos y hablamos. Era inteligente y había hecho muchas cosas. Había sido locutor de radio, hacia el diseño gráfico de la revista Shock y yo ya no me acuerdo que más cosas. Yo que tengo mi delirio por los pilos quedé matada. Salimos del bar y volvimos a mi casa donde nos quedamos hablando hasta las 4 de la mañana. Hubo un abrazo largo a la despedida y yo esa noche me dormí con una sonrisa.

El sábado amanecí contenta. Me llamó pero sabía que yo estaba ocupada así que me invitó a tomar onces el domingo. Acordamos mi casa y yo quede contenta. El domingo me cambié varias veces y ni me acordé de mi ex. Hablamos largamente. Recuerdo que hizo una analogía entre el portero de fútbol y la red que yo no entendí del todo pero era sobre como nos estabamos enredando el uno en el otro (súper porno barato... que oso). Y entonces nos dimos un beso, que pasaría a mi historia personal como uno de los peores de mi vida.

Además de un evidente falta de química y de la pésima técnica de su parte, yo contribuí a dañar el beso ya que me acordé de mi ex y me sentí culpable (siempre he sido estúpidamente fiel). Le di un abrazo y lo despaché de mi casa entendiendo que había ido demasiado rápido. Le lloré a mi mamá quién me tranquilizó diciendome que era un date casual, que no tenía que preocuparme y que además, no tenía motivos para sentirme culpable ya que yo estaba soltera.

Al día siguiente con un fuerte sentimiento de culpabilidad decidí evitar toda la situación escondiéndome en la casa de mi mejor amiga de la universidad. Rentamos un par de películas y me quedé en su casa hasta las 9 y media de la noche. Llegué a mi casa mucho más tranquila y sintiéndome menos culpable. En el momento en que abrí la puerta oí a mi mamá decir que yo todavía no había llegado pero que en cuanto llegara me avisaba. Subí y le pregunté quién era: Voldemort, quién ha llamado 4 veces desde que yo llegué y otras 5 a lo largo del día. Nueve veces en un día???? No tenía mucho sentido.

Así que marqué el número que mi mamá, mi abuelo y mi empleada habían anotado en diferentes papelitos. Contestó una voz femenina:

- Buenas noches, Voldemort por favor?
- De parte de quién?
- De Lina
- Ay Hola Lina, habla la mamá de Voldemort, que rico oirte. Mira él se acaba de sentar a cenar pero apenas termine yo le digo que te marque.
- Ehh este, bueno si. Gracias.
- No te preocupes, Voldemortcito (efectivamente ella añadió un cito al nombre de su hijito) seguro te llama, de todas formas espero verte por aquí muy pronto porque tengo muchas ganas de conocerte. Que rico oirte.
- Ehh ahh si, lo mismo. gracias. Hasta luego.

Ah?? En nuestras únicas dos dates, Voldemort y yo jamás habíamos tocado el tema de la mamá. Por todo lo que yo sabía, a él lo habían criado los lobos. Y ahora su mamá sabía todo de mí, le parecía rico oirme y esperaba verme pronto en la casa. Colgué absolutamente espantada y llamé a una amiga. Mientras tratábamos de descifrar a este personaje que aparentemente llevaba tanto tiempo solo que bastaba un beso para que la mamá fuera feliz, sonó la otra línea.

Era él. Le colgué a mi amiga y empecé a hablar con Voldemortcito. Su primera pregunta fue que en dónde estaba yo a las 10 de la mañana. Pues en la universidad (tenía 18 años, en dónde más iba a estar un lunes a las 10 am?). Ahh, es que quería verte y fui por los lados de tu casa, pero me dijeron que no estabas. La conversación siguió con más o menos normalidad hasta que dijo algo sobre como tenía muchas ganas de darme besos como si fuera un vámpirito (si... dijo vámpirito, a lo mejor es el hijo perdido de Uribe). Y yo ahí no pude. Yo que seguía sintiéndome culpable y espantada por tan mal beso, decidí que había que frenar las cosas.

- Mira Voldemort, yo te dije que acabo de terminar una relación muy seria y que este no es mi mejor momento. Yo quisiera que fueramos un poco más despacio.
- ¿Más despacio?
- Si, yo no quiero hacerte daño y siento que tu vas muy rápido.
- Ay... yo no quería que lo nuestro se acabara tan pronto!

Lo nuestro??? Acaso Voldemort era una niña de la era Victoriana? Un beso no es una relación, no es un lo nuestro!

Colgamos, él triste, yo aterrorizada de pensar que este era el mundo del dating. Como siempre, muy pronto estaba riendome de tan bizarro encuentro y contándolo. Y así se construyó el mito de Voldemort. Cada vez que lo conté, en el plazo de una semana me lo encontré. Esta vez no sé qué sucederá. Ya no estoy en Colombia. Pero juro que si luego de publicar esto, me encuentro con él en México le pongo una orden de caución.