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viernes, 6 de mayo de 2016

Un año después...

En la última entrada de este blog yo escribía mis deseos de cumpleaños. Y la semana pasada alguien, un anónimo, me preguntó si es que mi deseo era no escribir más aquí... 


Y ese nunca fue mi deseo. Pero fue algo que pasó. Y me han tomado muchos meses, muchas noches de no dormir, muchas días de no sentirme yo y muchas sesiones de terapia para entender qué pasó. 

Yo he escrito desde antes de saber escribir. A mi mamá le dictaba historias para que ella las escribiera en su máquina de escribir. Como he dicho tantas veces, yo solo sé sentir, pensar y procesar mi vida a través de la escritura. Fue escribiendo que pude sacar tantos dolores, miedos, traumas y angustias. Escribiendo descubrí lo que quería y lo que me hacía falta. Escribiendo es que yo me construí a mi misma. 

Y un día dejé de escribir. El silencio se apoderó de mi vida porque todo lo que quería era escribir sobre lo que me había pasado. Y por respeto a quién era la otra mitad de la historia no lo hice. ¿Cómo podía sentarme aquí y ventilar todo mi dolor cuando cualquiera que leyera lo que me pasaba sabría de quién estaba hablando? Tantas veces él me había reclamado que yo hiciera eso con mis amores, "te expones demasiado", "dejas todo en un espacio público y visible para cualquiera"... ¿cómo podía hacerle eso precisamente a él? Y entonces no lo hice. Y en el camino me perdí a mí misma. 

Un año ha pasado y realmente no puedo decir que yo ya esté bien. Es muy difícil procesar que perdí a mi mejor amigo. Escribo esto y me angustia pensar en publicar esta entrada. Pero ya no sé cómo hacer este duelo. Yo sé cómo terminar con un novio, yo sé cómo enterrar a una mascota, yo sé cómo intentar aceptar que se me murió alguien a quien quiero y no sé muy bien cómo pero he logrado que los días y los años pasen desde que mi abuelo se murió. Pero no sé cómo decirme a mí misma que ya no tengo a mi mejor amigo. Que todos los días que me quedan de vida él ya no va a estar. 

Años y años de amistad y un día ya no fue más. De alguna forma, esta pérdida se ha parecido a terminar con un novio en el sentido en que es un duelo por alguien que sigue vivo y que simplemente decidió que ya no quiere ser parte de mi vida. Pero cuando uno termina con un novio, eventualmente llega otro y aunque con cada persona es distinto, al final se establece una relación de pareja con ese otro. 

Pero yo no voy a volver a tener un mejor amigo como él. Y no porque no pueda tener otras amistades profundas y sinceras. Pero porque la amistad que nosotros teníamos se inició en un momento de la vida que ya no voy a repetir. Mis 33 (casi 34 años) hacen que ya no quiera mochilear con nadie por Europa con un presupuesto de 5 euros por comida para poder bebernos el resto. La intensidad de la vida laboral ya no permite que yo coma todos los martes con una misma persona como lo hicimos durante nuestros cinco años de universidad. Ya no volveré a tener la cantidad de tiempo libre que tenía al terminar el colegio o estar en la universidad. Lo que pasó en mis 20, ya no lo voy a volver a vivir. 

Y entonces no voy a poder construir una amistad como la que tenía con él. Porque con nadie voy a tener esas historias, esos momentos, esa cantidad de recuerdos que hoy me siguen partiendo el alma. 

Hay días en que estoy mejor, hay días -hoy por ejemplo- en que pude contar una historia que viví con él sin sentir que se me parte el alma. Pero no siempre es así. Justo ayer entré a un baño y la decoración era algo que a él le hubiera fascinado y que me hubiera permitido burlarme de él por algo que muy pocas personas saben (o sabían, tal vez en este punto él ya lo cuenta a cualquiera... quién sabe), y entonces sentí que no iba a poder respirar. Y estaba en evento por lo que no podía atacarme a llorar como hubiera querido, así que me tocó sacar toda mi fuerza, contar hasta 50 y poner mis lágrimas en hold.  

Hay un capítulo de Grey's Anatomy en que la mamá de Meredith se despierta de su Alzheimer y la ve y en vez de decirle que se siente orgullosa de que esta a punto de ser doctor,a que tiene un novio maravilloso y que ha construido una vida chévere, le dice que se avergüenza porque ella se ha convertido en alguien ordinary (y lo dejo en inglés porque ordinary no es lo mismo que ordinario así esa sea la traducción). 

 

Y yo me siento así. Como que un día desperté y me di cuenta que soy ordinary. Tengo un trabajo normal, una relación maravillosa y estable que (afortunadamente) hace que ya no tenga que salir con personajes que saqué de debajo de una enorme piedra, la economía (y tal vez lo cómoda que estoy en mi zona de confort) ha logrado que cada vez viaje menos. Como si no fuera suficiente que solo quisiera contar una sola historia que no me permitía contar, logré que mi vida ya no generara más historias para escribir. Y entonces dejé de hacerlo. Ni realidad ni ficción. Dejé que el silencio me ganara. 

Pero ya no quiero más eso. Quiero volver a sentirme yo, quiero volver a sentir y pensar a través de mis palabras. Y si vuelvo a escribir, tal vez pueda encontrar una forma de sanar esta herida y yo logre recordar el pasado sin tristeza. 

Aún cuando sé que él no me leerá, mientras escribo estas palabras no dejo de pensar que le molestaría que yo escriba esto. Pero tengo que hacerlo. Me lo debo a mí. Y él ya no está así que no puedo ni por un minuto más dejarlo estar por encima de mí. 

Así que aquí voy, de nuevo... convencida, como siempre, que la escritura será la forma de sanarme. 


PD. Querido anónimo, GRACIAS. Necesitaba ese empujón. 




martes, 7 de enero de 2014

You can't have the cake and eat it too

Empecé este año sintiéndome identificada con la frase del título. Para el que no entienda aquí está el wikipediazo del tema y al que le de pereza abrir el link le cuento que resume la idea de que no se puede tener todo en la vida. No puedes tener un pastel que ya te comiste. 



Y yo siento que este año lo quiero todo. El pastel, comérmelo, dejarlo en la mesa, tenerlo solo para mí, regalarlo, compartirlos, tirarlo, partirlo, dejarlo entero, etc. 

I would like to be here, I would like
To be there,
I would like to everywhere at once.

Quiero irme a San Francisco con el Sr Gelatina pero quiero explorar mi película francesa a ver si por fin sabemos qué pasa. Y también quiero irme de vacaciones a algún lugar lejano para ver si logro desconectarme. Y de paso si puedo visitar a Pollo en París. Y ya entrados en lo que quiero, pues también darme una pasada por Escocia para la boda de mi primo. Y por supuesto, la ida en época no-navideña a Colombia a ver si logro acordarme de cómo es Bogotá sin dramas familiares por cuenta de Papá Noel. 

Pero resulta que yo no tengo meses y meses de vacaciones ni un presupuesto infinito. Mi realidad es mucho más austera que mis sueños.

Y también esta el tema de querer hacer mis sueños realidad, vivir la vida que quiero. Y en ese sentido no sé si eso pueda combinarse con los 1000 viajes que quiero hacer. Quiero hablar las cosas, pero quiero que se estabilicen mis finanzas. 

I want to be young, and I want to be
Old.
I would like to be wise before my time
And yet be foolish and brash and bold.

Quiero explorar la oportunidad que nos dimos con el Sr Gelatina pero no quiero ilusionarme de un futuro que no va a pasar. Y no quiero dejar de luchar por mis sueños pero tampoco me quiero cerrar a las posibilidades que se vayan creando. 

Quiero cambios pero quiero explorar quedarme quieta. Y me siento un poco esquizofrénica por querer cosas tan contradictorias pero tal vez es lo que pasa cuando uno descubre que el amor y el camino de la vida van por caminos distintos. 

Cuando hice el ejercicio de pensar qué es lo que realmente quiero me di cuenta que quería amar. Por primera vez en mi vida estuve dispuesta a poner al amor, a mi corazón de primeras. Ya encontraría las formas de vivir las cosas que no me hacen tan feliz. Pero no se puede, al menos no a largo plazo. Somos un presente pero no tenemos un futuro. Entonces tengo que luchar por mí futuro, hacer mi vida, trabajar para lograr los otros sueños que tengo y por lo otro que también he entendido que quiero y necesito. 

Todo con la esperanza de no convertirme en el camino en una esquizofrénica de tiempo completo. 

  
I am lusting for more. Should I settle 
For less?
I ask you, what's a good thing for, if 
Not for taking it to excess?
One limitation I dearly regret,
There's only one of me I've ever met.


jueves, 16 de mayo de 2013

Bicho raro

Estas últimas semanas, he ido a comer muy seguido con dos amigos del trabajo. De esos que cuando yo quiero describir cómo son los mexicanos me sirven de modelo mental. Buenos, amables, caballerosos, con un sentido del humor distinto al mío y con una visión del mundo exactamente opuesta a la mía. 

Y entonces he recordado que muchas veces yo paso por bicho raro en este mundo. He tenido que responder una y otra vez las mismas preguntas "¿pero por qué no quieres tener hijos?", "¿no dejas que los hombres te inviten a todo cuando sales con ellos????", "¿cómo así que para ti es suficiente con irte a vivir con alguien, por qué no quieres una ceremonia?", "¿por qué no quieres comprar un departamento?", "¿por qué saldrías con alguien que no quiere casarse?"

Y así. Por horas. Y es cierto. Yo no necesito una ceremonia para sentir que estoy comprometida con alguien, sigo sin saber si quiero tener hijos pero tengo muy claro que si no pasa, yo no me voy a morir frustrada. Y no. No quiero un departamento. No es una prioridad para mí. Y odio que me inviten a todo solo por el hecho de ser mujer y estar en proceso de cortejo. Mis ovarios no son motivo suficiente para que paguen todo por mí. Yo tengo un salario. Ah! y puedo estar en relaciones extrañas, amorfas y sin definición en la medida en que me sienta cómoda y contenta. Punto. 

Claramente hay días en donde me estreso porque yo no tengo en dónde caerme muerta. Esos días usualmente pasan cuando me relaciono con mi mundo colombiano, ese que ya anda tan casado, tan con casa propia y todas esas cosas que yo no tengo. Porque al final, mis posesiones se limitan a un refrigerador que compré usado, un microondas que también compré usado, una laptop que realmente no funciona, un sofá-cama lleno de pelos de Ginebra y una cama que anoche se rompió y me mostró que lo malo de ser independiente es que las camas se rompen cuando uno esta solo, sin hacer nada divertido y por tanto, le toca a uno volver a armarla estando solo para dormirse sin hacer nada divertido antes. 

El tema es que esas son las cosas que menos me importan. Mis verdaderas posesiones son Ginebra, mis libros, las fotos de Pollo que decoran este depa, el reloj de mi abuelo, un escritorio en Guasca que probablemente nunca usaré en mi vida... 

Al final, luego de semanas de interrogatorios, he podido concluir que yo vivo muy contenta con mi vida. Sé que tengo prioridades distintas a las de la mayoría, pero siento que tengo lo que realmente quiero. Yo prefiero no tener donde caerme muerta y no ser parte del mercado inmobiliario pero haber hecho los viajes que he hecho. Haber tomado los cursos que he tomado. Vivir por fuera. Mi libertad de hacer lo que quiero como quiero, sin la red de seguridad (siendo la palabra clave RED) que representa tener a la familia y a los amigos cerca. 

En vez de gastarme la plata pagando cuotas para un departamento, yo me la gasto en mi taller de escritura, yéndome a Toronto a visitar a Pollo y a ver películas de 25 dólares, en viajes express a Chicago solo porque sí, tirándome de paracaídas (mi regalo de cumpleaños para mi misma de este año), comiendo rico con mis amigos los fines de semana y en cuanta cosa se me ha ocurrido. 

En 5 años probablemente seguiré sin tener el departamento, pero quiero pensar que tendré mi novela lista (y si no, al menos habré hecho el intenso ejercicio de haber escrito), habré caminado a 356 metros de altura,  tendré la foto desnuda de Tunick, habré enfrentado el miedo de pararme frente al mundo y contar mis historias de la forma más graciosa que puedo, habré viajado, conocido países, hecho amigos increíbles que están conmigo sin importar la distancia y se convirtieron en mi familia, la otra familia seguirá siendo el apoyo que siempre necesito y ante todo, tendré la enorme tranquilidad y felicidad de saber que he vivido mi vida como quiero, así la forma no siempre sea la que el mundo espera. 




viernes, 22 de febrero de 2013

A través del espejo

Han sido unas semanas extremadamente largas. De trabajo en exceso, cansancio, gripa, desespero por  sentir que estoy dándome contra paredes que jamás había visto, de una enorme frustración por no tener acceso a mis espacios, que siempre han sido mi punto de equilibrio. 

Y en medio de todo esto, un día, mientras corría a comprar un sánduche para comer frente a mi computadora, Adri, mi mejor amiga, me mandó un mensaje. Habíamos hablado el fin de semana y como siempre, encontramos que vivimos momentos parecidos, que aún con lo distintas que somos, con las vidas diferentes que llevamos, las sensaciones y reflexiones eran similares. Ella también estaba cansada, perdida y frustrada. 

Pero su mensaje decía otra cosa. Y tal vez son los 15 años de estar cerca, tal vez es lo que llaman la intuición femenina, que la conozco mejor que muchos o que -desde la perspectiva masculina- como dijo Pollo, era algo que era obvio que iba a pasar. No sé. 

A mí me bastó leer un "Estoy feeeeeeliz y necesito hablar contigo" para saber que de repente la vida nos había cambiado. Que mi Adri, mi amiga con la que hicimos sopitas de bon-bon-bum en piña colada (para descubrir al día siguiente que era pésima idea ya que el azúcar sumado al trago nos estaba matando), con la que compartimos la emoción de enamorarnos de verdad luego de un primer noviazgo que no era lo que creíamos, la que me abrió las puertas de su casa y me dio una familia adoptiva donde siempre me he sentido cómoda, la primera en ponerme como referencia en una hoja de vida, la que en su momento fue una de las que me salvó la vida, a la que ayudé a vestir el día que se casó y por la que hice las cosas que jamás haría ni por mí misma, con la que hay tantas historias para contar y aún más que jamás contaremos pero que nos servirán cuando estemos viejitas y queramos recordar esos años donde exploramos, jugamos, viajamos y nos divertimos (incluyendo una que involucra una pata de pollo, una cámara y prueba que ella la buena y yo soy la mala).... esa que pasó de ser adolescente a ser joven y a ser adulta y jamás dejó de ser mi amiga... esa que es tan parecida a mí y al mismo tiempo tan radicalmente distinta... esa va a ser mamá. 

Una vez más viví uno de esos momentos de miles de sentimientos, todos al tiempo, muchos contradictorios, todos intensos. Lloré frente al celular y sin poder guardarme la noticia, se la conté a la señora de los sánduches quién se conmovió tanto que las siguientes veces que he ido ya hasta me pregunta por "su amiga, la que esta embarazada". 

La cosa es que siendo yo tan poco maternal, con tantas dudas sobre si quiero tener hijos, estando tan lejos de una vida de señora casada con bebé a bordo... jamás pensé que podría sentir una felicidad tan grande. Porque lo primero que sentí fue eso. La inmensa felicidad de saber que sus sueños se están logrando, que esa mamá que siempre ha estado en su interior va a salir y va a generar a un ser humano que desde ya sé que va a ser absolutamente increíble. Que para mi sorpresa, desde ya quiero. Porque ¿cómo no quererlo? 

Y por el lado de la felicidad, fueron saliendo el resto de los sentimientos. El dolor y la culpa de la distancia, de saber que no estaré para acompañarla, que no podré verla cambiar, que me perderé tantos momentos y que para ese bebe que va a llegar, yo seré la amiga loca de la mamá que a veces llega llena de regalos pero que no esta cerca. 

También estuvo el miedo... ese miedo que de repente siento de que la vida nos cambie y nos aleje. Que la vida de mamá, esposa y residente de Bogotá, sumada a mi vida de no-mamá, no-esposa y no-residente de Bogotá, acabe con los años de querernos sin juzgarnos. Y es que eso es lo especial de nuestra amistad: siempre hemos valorado que aunque somos muy parecidas en el fondo, vivimos nuestras vidas de formas muy distintas. Y ahí siempre estamos, para mostrarle a la otra, que todo podría ser distinto. Pero que no es lo que queremos. Constantemente vivimos situaciones similares y cada una ve en el espejo de la otra cómo podría ser una vida diferente. 

Hay días... hay días donde yo me pregunto qué hubiera pasado si nunca me hubiera ido a India, si me hubiera casado con el Ex o con algún otro que quisiera esa vida, si no tuviera esta profunda necesidad de ver qué hay allá afuera, que me ha traído hasta México y si en mí no hubiera ese gen independiente que logra que yo no dure más de 30 segundos contemplando la posibilidad de volver a Colombia. Y cuando tengo esos días, pienso en ella. Y la veo feliz, casada, llena, ahora embarazada. Y sé que aunque esa es una vida posible, no lo es para mí. 

Aunque sé que yo también soy su espejo, a veces me pregunto cómo me ve ella a mí. Si también me usa como referente en las noches donde se pregunta qué hubiera pasado si sus decisiones hubieran sido distintas, si Francia hubiera sido algo más que unas complicadas vacaciones o si la especialización hubiera sido en otro país. No sé exactamente qué se responde, pero también sé que ella me sabe feliz y me sabe bien, pero sabe que esta vida, aunque es posible, no es para ella. 


Volviendo al cúmulo de sentimientos... de nuevo hubo esa sensación de que mi mundo crece, se hace adulto y yo... yo lucho por vivir una vida donde yo me sienta cómoda y donde este bien. Donde sienta que puedo ser yo. Y eso, de alguna forma, no encaja en la definición - tal vez arcaica e infantil - que tengo de lo que es ser adulta. Recordé entonces lo que me dijo Pollo luego de leer esa entrada y es que nunca me di cuenta que la primera en armar una vida adulta fui yo. Y que no por no tener marido e hijos, soy menos adulta que ellas. Y pues si. Es un poco así. 

Al final, luego de la cascada de sentimientos, los que realmente han quedado, han sido el profundo cariño que le tengo, las ganas de estar más cerca de ella que siempre. Debo ser sincera, un poco la frustración de saber que me perderé de tantas cosas importantes... La felicidad de saber que ella esta haciendo la vida que siempre quiso. 

Y además, queda esa otra enorme felicidad y profundo agradecimiento, de saber que para ella era increíblemente importante contarme y hacerme parte, porque como para mí, las cosas se sienten realmente reales cuando la otra las sabe y las comparte. Sentirme así de querida, de valorada, aún después de 5 años de distancia, más de 15 después de esas fiestas de quince... es de las cosas que siempre agradeceré y que serán motivos para sonreír incluso en el peor de los días. 







martes, 20 de noviembre de 2012

Días de días

Hay días donde perder la fe en la humanidad y en el universo es facilísimo. Días como hoy. Y para mí es gravísimo perder esa fe porque dado que yo no tengo ninguna fe religiosa que me haga sentir que todo va a estar bien. 

Pero sí. Hoy, por lo menos hoy y por ahora, me doy permiso de odiar al universo. Porque la verdad es que ha estado insoportable últimamente. Entre la irlandesa que mataron en una clínica al rehusarse a hacerle un aborto cuando sabían que el bebé se iba a morir de todas formas; el pendejo de Gerlein convenciéndome que definitivamente siempre habrá un homofóbico con micrófono recordándonos que no todos somos iguales aún cuando deberíamos serlo ante los ojos de la ley y los pesqueros sanandresanos que ahora no van a tener con que vivir, el universo me tiene con ganas de meterme en una cueva y no salir de ahí. 

Y no. No voy a unir a esta lista la estrellada contra una realidad fea y decepcionante que tuve este fin de semana donde sentí mis sueños romperse contra ese universo que tan aburrida me tiene, ni la diarrea (literal diarrea) que tuve todo el fin de semana y que me tiene hasta hoy tomando Pedialyte, ni como Pollo decidió mandar un mail terminando en Saludos el peor día posible, ni como los del sitio de fotos de la boda a la que fui decidieron que no puedo bajarlas negándome el placer de perder el tiempo de buena manera... no. No voy a unir esas cosas. Porque finalmente hay otras mucho peores. 

Pero sí. Hoy ando sin fe en la humanidad y en el universo. Con ganas de meterme en una cueva y no volver a salir nunca más. Entendiendo a los que un buen día mandan todo a la mierda y se van a vivir con los monjes budistas. 

Y sí. Sé que en todo esto ha habido grandes y muy buenos amigos que han estado, se han preocupado, me han dado sus palabras y cariños para hacerme sentir menos peor. Que afortunadamente he aprendido a no volverme ostra y pedir cariño cuando lo necesito, logrando que hasta me llevaran a ver Mary Poppins a que me cantara que todo puede ser. 

Pero en este instante... nada de eso es suficiente. En este instante, me duele vivir en un mundo donde hay tanta gente idiota, donde el odio gana tantas veces, donde no sé qué va a pasar y el "casi" nuevamente es la palabra que rige mi día. 

Así que si alguien tiene información sobre vuelos baratos a una bonita cueva en los Himalayas, aquí recibo los datos. 





jueves, 1 de noviembre de 2012

We accept the love we think we deserve

Llevaba desde ayer intentando explicar por qué decidí dejar algo donde las cosas no fluían como yo quería. Lo intenté hablar con mi mamá y realmente creo que no lo entendió. Para que Pollo entendiera por qué estaba tan frustrada y por qué decidí lo que decidí, me tardé más que siempre. 

Y entonces... en un break de mi realidad encontré esto:

Aceptamos el amor que creemos merecer. 

Tan sencillo como eso. Por eso decidí que no quiero desgastarme intentando hacer que fluya algo que no progresa. Porque merezco algo distinto. 

Esa frase tan sencilla, tan obvia, casi que resume la mitad de mis sesiones de terapia. Esa intensa lucha contra mi propio interior por definir qué es lo que merezco. 

Así que esto es lo que finalmente he descubierto tras 1 año de terapia, 15 de vida amorosa y 30 en el planeta: 

Merezco ser amada.

En la práctica eso significa que me toca decirle adiós a los que dicen llamar y no lo hacen, a los que no hacen un espacio en sus vidas para la mía, a los que se quedan en la zona cómoda de tenerme cerca pero sin definir lo que quieren, a los que desaparecen, a los que no pueden amar, a los que no saben cómo hacerlo y a los que eligen una vida donde no pueden ser felices. 

Lo releo y pienso que eso siempre ha debido ser obvio. Pero debo aceptar que no lo ha sido. El miedo a quedarme sola, a no encontrar a alguien que me ame por lo que soy, sumado al convencimiento de que lo que soy es el motivo por el cual no puedo encontrar a alguien, hacia que yo hiciera concesiones que no debía.

En pocas palabras sentía que merecía poco. Y entonces, aceptaba poco.

Hoy las cosas no son así. Hoy sé que merezco más. Que puedo y quiero dar mucho. A cambio de mucho. 

Así que por primera vez... con toda tranquilidad cierro una posibilidad. Porque merezco más. Porque solo así, puedo dar todo lo que soy. 








sábado, 22 de septiembre de 2012

Nueva York, Toronto y por qué terminé caminando a 356 metros

La cosa era que yo no quería pasar mi cumpleaños en el DF. Me daba susto encontrarme con algunos recuerdos que no quería y terminar triste el día que celebraría mis 30. Entonces un día, como a mediados de marzo se me ocurrió que podría visitar a Pollo, mi mejor amigo, en Toronto donde vive desde hace 5 años. Le escribí emocionada y a él le encantó la idea.

Pero pronto empezamos a ver que no era tan fácil, él no estaba seguro de estar por esos días en Canadá y la visa parecía tardarse muchísimo. Además, el avión estaba carísimo. Así que una tarde recibí un correo de Pollo donde me proponía cambiar la huída de cumpleaños, por unas vacaciones en septiembre “donde además de que verás el inicio del otoño, podrás ir al TIFF”. TIFF siendo el Toronto International Film Festival. Y ahí cambiaron los planes.

Pasé los siguientes meses organizando las cosas, ahorrando más y soñando con lo que vería. Decidí parar 3 días en NY y luego ir 10 más a Toronto. Y aunque los meses se me hicieron eternos, por fin pude irme a mis vacaciones.

El Highlight de NY es el High Line.

De NY no hay mucho que contar. Llegué absolutamente adormilada tras el vuelo de 12 a 6 a.m., durar 2 horas haciendo migración y otras 2 llegando a mi hostal. Gracias al patrocinio de mi papá pude quedarme en Chelsea lo cual fue la mejor opción ya que estaba cerca de todo. Lo malo es que mientras 50 dólares en cualquier parte del mundo te dan una muy buena habitación, baño y una bonita vista, en NY te dan un cuarto diminuto, compartido con un francés que jamás superó el hecho de que le tocara dormir en el mismo cuarto que a una mujer – según me dijo, le incomodaba muchísimo llegar y ver mis pequeños zapatos… vayan ustedes a saber por qué – y un baño compartido con el resto del piso.

Además de lo memorable que fue perderme en el metro dado mi cansancio (tomé dos veces seguidas el metro equivocado), los highlights del paseo fueron la visita al memorial del 11 de septiembre (impresionante), la mañana donde mientras esperaba a un amigo me di el espacio de sentarme bajo el sol en Washington Square, poner mis pies en el agua y simplemente relajarme mientras leía. Y el High Line.

The High Line es un parque nuevo en NY, lo cual no tendría mucho de interesante a no ser porque está construido en lo que fue una carrilera de tren sobre las calles neoyorquinas. La línea del tren fue construida en los 30, para que el aparato dejara de matar gente. Aparentemente cuando estaba sobre las calles, las personas no entendían que el aparato era peligroso y terminaban atropelladas.

La primera iniciativa fue contratar a un tipo que iba a caballo adelante del tren gritando que pilas, que se quiten, que viene el tren, pero como que no funcionó y entonces decidieron subir el tren encima de las calles y así evitar tanta desgracia. La idea funcionó hasta los 80 cuando el tren dejó de correr y dejaron la línea abandonada. Los años pasaron y en el 99 un grupo de personas se unió para evitar que demolieran la estructura convirtiéndola en un parque público que mide 1.6 kilómetros de largo.  



Entonces uno va y es un parque muy extraño por lo angosto, en la mitad están las antiguas vías del tren y a los lados un bonito jardín que es cuidado por jardineros con sombreros de paja como en las películas. Cuando fui había una exposición de arte por lo que en algunas partes había esculturas escondidas entre las plantas y hasta una instalación de audio en una de las bancas, la cual para ser sincera me pareció un poco simple ya que es la voz del artista leyendo dos listas de animales: buenos y malos. Uno se sienta y oye al tipo: Good animals: dolphin, cat, lion, bird, etc.  

Después de recorrer el parque, visitar el MOMA, comer delicioso en Brooklyn y recordar por qué es que me gusta tanto NY, me fui a Toronto.

De porqué creo que Toronto es como un gran aeropuerto.

La verdad es que Toronto me pareció una ciudad extraña. Varios residentes me comentaron que representa un reto para los turistas en la medida en que no tiene realmente grandes atractivos. No hay grandes parques ni plazas, no hay museos realmente importantes (aunque hay uno dedicado exclusivamente a los zapatos y su historia que estoy segura que a más de una de mis lectoras le fascinaría) y en un principio parecería que no hay mucho que ver.

Pero una vez uno se quita de la cabeza la necesidad de ver los landmarks… aparece una ciudad increíblemente interesante, llena de calles maravillosas, restaurantes deliciosos y ante todo, una multiculturalidad que no deja de sorprender. En mi opinión, la mayor gracia de Toronto es esa. Que es una ciudad donde uno puede encontrar cualquier pedazo del mundo.

Ese siempre había sido mi argumento a favor de NY, pero siento que Toronto le gana, básicamente porque mientras en NY viven personas de todas partes del mundo, también hay una grandísima población gringa. En Toronto en cambio, casi que no hay canadienses. Una estadística que encontré dice que uno de cada 3 residentes es extranjero. Eso significa que en cualquier parte que uno esté se oyen idiomas conocidos y desconocidos, se ven todos los tipos de vestimenta (de burkas a hombres en mini falda) y tuve permanentemente esa sensación que me dan los aeropuertos grandes de que la probabilidad de estar a punto de conocer algo absolutamente impensable es altísima.



En términos generales mis grandes actividades en Toronto fueron caminar, ir a las cataratas del Niágara, ver cuanta película pude y darme una vueltita a 356 metros de altura.

Las cataratas o el pueblo más feo

Cuando llegué a Toronto, Pollo tuvo a bien advertirme que él estaba feliz de que yo lo visitara pero que por ningún motivo me acompañaba a la CN Tower (seguir leyendo para detalles al respecto) ni a las cataratas del Niágara. Yo le dije que fresco, que yo hago lo mismo con los que vienen al DF, yo ya no visito Teotihuacán ni aunque me paguen. Así que un buen lunes me fui acompañada de mi libro y mi iPod a conocer las cataratas.

Yo asumí que dado que este es uno de los lugares más turísticos del país habría buses cada 10 minutos, pero no, sale uno cada hora y cuando uno llega, el amigo de información no pudo explicarme cuál era el bus que me llevaba directamente a las cataratas, por lo que terminé como idiota esperando por 25 minutos por un bus que cuando finalmente apareció, resultó que costaba 7 dólares en vez de 3 y que tenía que pagar en efectivo. Como no los tenía, decidí que mejor me iba a pie siguiendo la recomendación de Pollo.

Tras una muy agradable caminata llegué a las cataratas, las cuales son tan hermosas como uno se imagina. Tomé el barquito que lo lleva a uno a conocerlas y fui muy feliz viendo el agua caer. Y en media hora se acabó el cuento. Pero yo tenía hambre así que decidí comer algo por ahí.



Resulta que el pueblo donde están las cataratas es (o era, ya no me acuerdo) una reserva indígena, por lo que la mayoría de los negocios los manejan ellos. Y debo decir que tienen una extraña idea de lo que atrae al turismo. Pero es lo mismo que se puede decir de Agra, donde está el Tah Majal o de todos los puntos híper turísticos del planeta. Viven convencidos que los turistas son multimillonarios de mal gusto.

En el caso del Niágara, esto significa una cantidad de casinos, almacenes con souvenirs carísimos, casas de miedo, casas de la risa y lugares donde pretendían cobrarme 35 dólares por jugar laser-tag (como si fueran los 90) o por sentarme en la silla más alta del mundo (en la tienda de Guiness Records). Terminé comiendo en el Hard Rock Café porque ya entrada en mood turístico, había que aprovechar. Además, al menos la comida estaba buena cosa que no era tan obvia en el resto de los restaurantes temáticos que vi.



El TIFF y como no vi ninguna celebridad in the wild.

Siendo muy honesta creo que de no haber sido por el TIFF, 10 días en Toronto hubieran sido muchos y a lo mejor hubiera terminado yendo a otras ciudades cercanas. Pero el cine me consumió. Mi idea del paraíso ahora involucra la posibilidad de ver al menos 1 o dos veces al día buenas películas con sesión de preguntas y respuestas. Y eso es el TIFF.

No voy a llenarlos con las reseñas de todas las películas que vi (aunque podría) pero si voy a decir que el top 3 fue:
  •       No, dirigida por René Saavedra y protagonizada por el tan bonito Gael García Bernal, sobre el interior de la campaña de marketing político en el referendo del 88 en contra de Pinochet. La peli esta filmada con cámaras viejas, lo que hace que se vea vieja y uno realmente sienta que es un documental de la época. Además de mostrar los spots originales, actúan algunos de los que en su momento fueron parte de la campaña. Al finalizar la sesión de preguntas y respuestas con el productor, el tipo quiso hacer un homenaje a todos los que murieron o desaparecieron en la dictadura ya que era 11 de septiembre, aniversario del golpe de estado. Cuando dijo esto el teatro se quedó en silencio y de repente oímos a alguien sollozar, era un viejito chileno llorandThe 
  •      The Deep, dirigida por Baltasar Kormákur de Islandia, cuenta la historia real de un naufragio y uno de sus sobrevivientes. Tiene algunas de las tomas más hermosas que he visto en mi vida y aunque me dejó con la tarea de ir a Islandia algún día, también me generó la certeza de que si voy, no me subo a un barco por ningún motivo. 
  •     Aquí hubo un triple empate entre Capital de Costa-Gavras sobre el sistema bancario; Lore de Cate Shortland, candidata por Australia al Oscar para las películas extranjeras y que cuenta la historia de la hija de un par de nazis al final de la segunda guerra mundial; y Jayne Mansfield's Car dirigida por Billy Bob Thorton a quién pude conocer (hasta le recomendé un libro en los 15 segundos que se tardó una señora en tomarme una foto con él) y que muestra el choque cultural entre una familia de Alabama y una inglesa en los 60. Absolutamente maravillosa y la última escena le da a uno la vuelta a la historia y lo deja con el corazón arrugado.


Para el TIFF la ciudad se llena de gente, por todas partes hay voluntarios con camisetas naranjas que se pasan el día recibiendo boletos de entrada y dando instrucciones a turistas confundidos sobre cómo llegar a su siguiente película. Porque aunque hay muchas cosas maravillosas en Toronto, debo decir que fue una ciudad que retó mis capacidades de ubicación.

No sé si es una cosa del primer mundo, de Canadá o simplemente de Toronto, pero todo el mundo parece estar perfectamente ubicado geográficamente. Todo el mundo sabe dónde está el noroeste, le dicen a uno que tome la línea hacia el sur en el metro y luego le piden a uno encontrarse en la esquina suroriental. Y por todo el mundo, me refiero a colombianos como yo que en teoría tienen las mismas bases educacionales, pero que o siempre han sido más inteligentes y ubicados que yo, o que en su vivencia en Toronto aprendieron a saber donde están parados.

Yo jamás, en ningún momento de la vida, le he dicho a nadie que se dirija al este por tal calle o que nos veamos en el café que queda en la esquina noroccidental del metro. Por tanto, pasé muchas más horas de las que hubiera querido viendo los mapas con cara de confusión, para eventualmente decidir que ya sabía para qué lado debía caminar, avanzar una cuadra y descubrir que claramente, iba para el lado que no era. Tal vez tantos años en el tercer mundo me han dañado para siempre, o tal vez heredé conocida desubicación de mi mamá.



Probablemente fue por estar mirando mapas que jamás vi a las tantas celebridades que estaban en la ciudad por esos días. Cada mañana en el Publimetro veía como a unas pocas cuadras de donde yo había estado el día anterior había estado Bill Murray, Halle Berry, Tom Hanks y otros más. Yo al único que vi fui a Billy Bob Thorton, pero ese no cuenta tanto ya que fui a ver su película. El resto, los que caminaban por ahí, jamás los vi.

Venciendo mis miedos.

Prometo que esta es la última parte de la crónica. Sé que esta larga, pero fueron muchos días y muchas cosas.

Un buen día mientras dejaba de trabajar para soñar con mis vacaciones, encontré algo que se llama Edge Walk. Básicamente es un recorrido por una plataforma afuera de la CN Tower, la torre más alta de Toronto. Una pequeña caminata a 356 metros de altura. Al aire libre. Sin medio vidrio que prevenga que uno se vaya de bruces.

Aquí debo aceptar que efectivamente a lo mejor yo soy masoquista. Ya había pensado en eso cuando estuve en Xilitla, muerta de susto y feliz al mismo tiempo, en las torres del castillo surrealista. Ahora lo comprobé. Yo le tengo miedo a las alturas. No es un miedo que me paralice, porque finalmente me trepo al castillo y a las pirámides. Pero no soy capaz de mirar hacia abajo y todo el tiempo estoy muerta del susto.

Corrijo. No ERA capaz de mirar hacia abajo. Porque eso fue lo que hice. A 356 metros de altura. (voy a decirlo más veces porque sigo sin creer que fui capaz de hacerlo). Para que se hagan una idea del miedo que yo tenía, desde que vi la página de Edge Walk, tuve pesadillas con el tema. La posibilidad de hacerlo me daba pánico. Pero yo quería.



Y lo hice. Junto con otros 3 locos. Un inglés que vive en Ottawa, un alemán bastante atractivo y que estaba igualmente muerto del susto y una canadiense de Montreal a quién admiré y odié al mismo tiempo ya que era la única que no parecía estar cagada del susto mientras caminábamos a 356 metros. Finalmente la señora me aceptó que ella también le tenía pánico a las alturas hasta que hace 15 años empezó a escalar para vencer el miedo. Y que aunque no estaba asustada, si tenía mariposas de la emoción de estar tan arriba.

Para hacer el recorrido le ponen a uno un traje rojo espantoso, se aseguran que uno no tenga nada que se le pueda caer y matar a alguien (desde el celular hasta las hebillas del pelo), le dan a uno tennis si no tiene zapatos con buena tracción (obvio mi caso que iba en sandalias) y le ponen un arnés al que le amarran dos cuerdas de seguridad para estar doblemente seguros de que uno no se les va a caer.

Nos tocó una guía súper amable y entusiasta que antes de salir nos explicó que haríamos distintas actividades uno por uno, y que mientras uno estaba haciendo algo, los otros debían animarlo y aplaudirle. La amargada en mí pensó que qué pereza y que obvio yo no iba a hacerlo. Pero una vez estuvimos afuera y empezamos a compartir la experiencia, a sentir el miedo y la ansiedad, la cosa se convirtió en una experiencia de grupo, donde todos nos animamos mutuamente. Para el final del recorrido esta gente era mi mejor amiga en el mundo y nos despedimos con abrazos espichados como si nos conociéramos de toda la vida.



Yo debo decir que fui la más gallina del grupo. Y tengo un video que lo prueba. Me aferré a la cuerda como si eso sirviera de algo y todo el tiempo mi estómago estuvo hecho un nudo. La guía nos puso a hacer cosas como caminar de espaldas, llegar hasta el borde y echarnos para atrás y luego hacer lo mismo pero de frente. Fue una experiencia increíblemente emocional y muy interesante al ver cómo el cerebro se parte en dos: la voz que dice que estás segura, que duraron 20 minutos explicándote cómo el arnés no va a dejar que te caigas, como nadie se ha matado haciendo esto… y tu instinto animal que grita que te devuelvas, que estás loca, que te vas a caer.

Lo hice porque creo que es importante vencer los miedos, porque sabía que sería una experiencia única en mi vida… y porque claramente estoy loca. Disfruté y odié cada segundo de los 35 minutos que duró la caminata. Al final logré estar más tranquila y soltar la cuerda. Eso sí nunca dejé de sentir ansiedad.

Y muy pronto la cosa terminó. Bajamos, devolvimos la ropa y los zapatos y nos dijeron que las fotos, video y certificado de que uno hizo lo que hizo, se tardaban entre 15 y 20 minutos. Pero eran las 10:55 y yo tenía película a las 11:30, así que con la promesa de que podía volver al día siguiente por mis cosas, salí corriendo al otro lado de la ciudad. Corrí hasta el metro, me estresé porque iba despacio, me bajé, corrí a un café, compré corriendo un restaurante y luego corrí al cine.

Finalmente llegué, sudada y cansada, me senté y suspiré. La señora que estaba a mi lado me vio y con una sonrisa me recordó que había llegado a tiempo, que ya podía respirar. Le expliqué que venía desde CN Tower y antes de que ella dijera algo más le conté lo que acababa de hacer. De repente me di cuenta que no me había dado la oportunidad de procesar la experiencia que había tenido. La señora me oyó, me dijo que era muy valiente y que ella no podría hacerlo. Luego las luces se apagaron, hicieron la presentación de la película y después pasaron los cortos del TIFF. Siempre eran los mismos, comerciales de los patrocinadores y al final, uno de agradecimiento a los voluntarios que es momento cuando todos los asistentes aplauden. Yo ya lo había hecho varias veces. Pero esta vez fue diferente. De repente me encontré gritando emocionada, aplaudiendo más fuerte de lo que jamás había hecho en mi vida y a punto de pararme a ovacionarlos.

Claramente la adrenalina del Edge Walk no se quedó a los 356 metros de altura.
 

lunes, 6 de agosto de 2012

Tres cosas felices

Hace un mes y 4 días estaba perdiendo el tiempo en Facebook cuando me encontré, en el perfil de Solterica, un link a un artículo donde una vieja hablaba de un experimento donde por una semana (que mi cerebro leyó un mes... pero en otra entrada exploraré mi continúa falta de atención hacia ciertas cosas) uno debía escribir three good things (que efectivamente como dice el artículo suena menos tonto en inglés que en español) que le hayan pasado a uno en el día. 

La idea del experimento es: "crear un patrón cognitivo en nuestro cerebro, que se mantiene durante un periodo de tiempo, aún cuando estamos realizando otras actividades. En el libro “The Happiness Advantage”, Shawn Achor propone que, mediante la práctica repetida de un ejercicio, nos aprovechemos de este efecto y condicionemos a nuestro cerebro para focalizarse de manera inconsciente en lo positivo. Esto no modificará nuestra realidad, pero sí la manera en que la percibimos"

Y yo decidí que podía ser una buena idea. Finalmente ya sabemos que a mí se me da súper bien eso del pesimismo. Para mí es súper fácil pensar en las cosas malas. Pero a veces se convierte en todo un reto pensar en las buenas.

Así que desde hace un mes y cuatro días, todas las noches, alrededor de las nueve, en mi celular suena la alarma para recordarme que debo anotar Tres cosas felices (que me sonó un poco mejor que las tres cosas buenas).

Debo decir que no he llegado al punto de la autora donde "me encuentro a mí misma pensando “no puedo creer que haya cogido este autobús a tiempo", “es increíble que haya dejado de llover justo cuando salíamos”, “hemos dado con el sitio perfecto para comer”.

Pero ha habido un cambio importante... y es que cada noche, sin importar si ha sido un día muy bueno o uno de mierda... encuentro que al menos 3 cosas buenas me pasaron. Ha habido días donde es muy difícil pensar en esas tres cosas buenas, días como hoy que fueron una porquería y donde la lista de cosas malas sería larguísima. Pero siempre logro encontrar tres cosas buenas. 

Y al ver este mes de anotaciones, encuentro cosas que ya sé. 

Así, por ejemplo, es clarísimo lo que tanto le molestaba a Mr. M y es que para mí las personas son súper importantes. Las conversaciones en el trayecto de regreso con Adriof, los mails de Pollo, los chateos con Adri y mis amigas de Colombia, los encuentros con Mariana.... todos son motivos de alegría. 

Pero en igual medida mis espacios propios lo son... las idas a comer by myself donde me reconecto y respiro, las horas de lectura, las idas al gimnasio, los momentos dedicados a escribir... todos esos momentos han sido increíblemente importantes.  

Y también se evidencia que Ginebra llegó a mi vida para hacerme feliz. Los arrunches y siestas con ella entran en la lista con bastante frecuencia. De igual forma queda claro que a mí me encanta el cine. Sin importar si son películas trascendentales o el espacio para escaparme de la realidad cuando la oficina me está enloqueciendo... todas son motivo de inclusión en la lista diaria. 


El experimento también me permitió ver cosas que no me esperaba, cómo que la comida juega un papel importante para mí... y que disfruto de esos momentos cuando me como una toronja particularmente rica o me sorprendo al descubrir que el sánduche que yo creía iba a estar espantoso, en realidad estaba delicioso. 

No sé si me estoy condicionando a "focalizarme en lo positivo", estoy segura de que no me estoy convirtiendo en un teletubbie que cree que todo es maravilloso. Pero estoy aprendiendo que incluso en los días más malos... hay algo bueno. Y esa es una gran lección. 

Así que aquí dejo mi lista de hoy: 

1. Chismosear con Adri en el trayecto a la oficina 
2. Té de rosas mientras escribo
3. The Fratellis para quitarme el mal genio


miércoles, 27 de junio de 2012

Silver Lining o por qué quiero tanto a mis amigos

La bonita GabiDearest escribió un hermoso post con sus reflexiones sobre mi terminada. Y yo en esta sensibilidad en la que ando, claro terminé llorando frente a la compu. Con unas ganas increíbles de irme a Bogotá, caerle de sorpresa y llevármela de paseo para cantar a gritos en el carro como cuando estábamos en la universidad (porque la verdad es que Gaby y yo no hemos crecido y en el fondo nos siguen gustando los mismos planes, nos reímos de los mismos chistes y hacemos los mismos dramas que cuando teníamos 20 años). 

Y entonces me quedé pensando. Que con todo y que siento que estoy muy sola, que lo que necesito es irme a emborrachar con mis amigas hasta que se me pase esta infelicidad.... en estos días he recibido muchísimo cariño. Me han oído, me han abrazado y me han recordado que voy a estar bien. No ha importado si ha sido a través del teléfono, del whatsapp o en persona, ahí han estado los que me quieren. Los que siempre están. 

A punta de teléfono, Adri me ha oído y consolado; con mensajes Linis y yo descubrimos que aún en la distancia, estamos juntas cuando el universo se coordina para que vivamos la misma situación al mismo tiempo; Pollo me ha conversado, ha hecho chistes y me ha escrito dándome su apoyo al momento de descubrir que en el fondo el man era un Lio; Sarah estuvo desde el comienzo lista para oírme como siempre; las de la oficina y las de la maestria se han encargado de distraerme, acompañarme y darme los abrazos que me han hecho falta. Tattoo-Boy me ha mandado canciones para animarme, V hizo un par de reflexiones importantes por bbchat y claro ahí ha estado el amigo-erótico para que a punta de humor negro yo me pueda reír en los momentos donde solo parecería que puedo llorar. Hasta los que me han escrito por Facebook y Twitter para decirme que qué cagada, pero que de esta se sale.

Y ahora pienso que la sensación de que lo más difícil a la hora de superar esto será el sentirme sola y perder la compañía... en realidad es cuestión de perspectiva. Porque en el fondo, sin importar la distancia, tengo un montón de gente que realmente me quiere y me ayuda a estar bien. En lo que hay que concentrarse es en aumentar el círculo para tener más planes y más actividades. Sabiendo siempre, que lo único que no me falta es cariño.



Deep down you knew that it was wrong
That little voice was telling you the truth
And now you hear it loud and clear
Screaming right in to your ear
Get up out of bed
Right foot, left foot moving
Get out of your head
Soon you'll be improving

 


martes, 26 de junio de 2012

Blandita once again

El domingo fui a recoger mis cosas a la casa de Mr. M. Fui sin saber qué encontraría. Una pequeñisima parte de mí tenía la esperanza de encontrar una nota, un libro, un último mensaje de él. Pero eso lo hubiera hecho el primer Mr. M, ese del que yo me empecé a enamorar. El verdadero Mr. M, se limitó a dejar con su portero la bolsa con ropa que yo dejé la última vez que me quedé en su apartamento. 

Yo en cambio necesité dejar algo de mí. "Terminar bonito" como bien recordó Pollo. Así que le dejé una nota, escrita en un papel del libro que me regaló cuando fue a Los Ángeles y que además de decir el cliché de "te deseo lo mejor" le aclaraba que tenía razón. You were right. Para ser más específicos. 

Y es que he was right. No funcionábamos como pareja, no íbamos a lograrlo y era mejor terminar las cosas en ese momento. 

Pero hoy me doy cuenta que el cariño incomoda. Porque por más que yo sepa que todo es mejor, que yo ya había empezado a desencantarme del que él es realmente... Extraño tenerlo cerca. Y hoy cuando el Tweetdeck me hizo una mala pasada al mostrar un twitt de él (vuelvo a odiar la tecnología) se me espichó el corazón y me dieron ganas de meterme debajo de mi cama. 

Uno debería tener derecho a las vacaciones emocionales. Porque yo lo que necesito es unos días en la playa o en Bogotá, o caminando por algún pueblo desconocido de México. Anywhere but here. Ando grinch, neurótica, blandita y con la sensación de que si me molestan de más voy a entrar en un ataque histérico del que no podré recuperarme de manera honorable.


viernes, 22 de junio de 2012

C'est fini

¿Qué es lo que estoy sintiendo?

Hoy he pasado de un sentimiento al otro. Extrañamente en mí... no he llorado. 

Tengo tristeza de sentir que pudimos haber sido algo grande... Me duele sentir que él se mostró como alguien que en realidad no era. Y aunque sé que no lo hizo para herirme, esto también me genera rabia. Pollo me preguntó si fue una sorpresa que terminaramos. La verdad no. Y aunque ayer fue una conversación extremadamente triste donde me dijeron algunas de las cosas más dolorosas que haya oído... tuve que aceptar que eran ciertas. Que somos muy distintos, que vemos la vida de forma diferente, que cada día aparece un nuevo muro entre nosotros y que para qué seguir dándonos contra las paredes. 

Él ve ciertos muros que para mí no son graves. Pero yo me había negado a ver los que para mí sí son complicados... que a él no le gusta viajar, que un fin de semana de paseo no es motivo de felicidad, que no contempla su vida por fuera de esta ciudad... Que no habla y que se abruma y termina explotando sin decir nada. Que dejó de ser (o nunca fue) el niño que a la semana y media me dijo que me quería, que me llamaba a decirme que le hacia falta y que quería compartir su mundo conmigo, para convertirse en ese que es distante, que no dice las cosas, ese con quien la vida se convirtió en un drama, donde yo me sentía insegura, needy y confundida.

So of course I miss you and miss you bad 
But I also felt this way when I was still with you

Y entonces hoy me desperté sabiendo que vuelvo a lo mismo de siempre. Sola. A lo largo del día me he dado cuenta que  me pesa profundamente perder la compañía, el tener planes para los fines de semana y ese a quién contarle mi día. ¿Cómo es que eso es lo que más me pesa? Eso que tan poco tiene que ver con lo que él es como persona. ¿Lo quiero a él o la compañía que él me daba? ¿Por eso no estoy tan triste? 

¿Al final el tema es que me dio en el ego porque yo lo quise más de lo que él me quiso a mí? Porque no voy a negar que me duele saber que probablemente él tiene menos sentimientos que yo respecto a esta situación. Que él no tiene el hueco en el estómago que tengo yo. Y entonces me acuerdo de esa entrada de Solterica donde dice: 

Siempre que termino con un tipo y empiezo mi proceso de esperar a que el sistema procese la solicitud de baja, me siento un poco estúpida de ver que para el otro fue una cuestión de 30 segundos. Más que estúpida me hace sentir psicótica. Me pregunto si no habrá sido todo un delirio mío, si la relación estaba solo en mi imaginación y si en realidad esas conversaciones que creí haber tenido con el tipo las tuve con las voces de mi cabeza esquizofrénica, o esos recuerdos son parte de la alucinación.  Si no, ¿cómo más se puede explicar que el tipo que hace dos semanas era supuestamente feliz conmigo ahora se porte como si acá no hubiera pasado nada?

Y sí. Eso es un poco lo que siento. Que al final, le vale huevo. Y que por qué a mí no. Porque aunque este tranquila, aunque me pregunte si lo que voy a extrañar es la compañía y no a la persona, aunque mi cabeza me diga que maybe it was for the best... no voy a negar que lo quiero y que me duele perderlo. Y que me hubiera gustado que todo fuera diferente, que nuestros muros no fueran tan pesados y que el hombre del que yo empecé a enamorarme... siguiera por ahí, cerca de mí. 

jueves, 26 de abril de 2012

Birthday wishlist Año 2...

Brutas. Se llegaron los 30. Por meses tuve pánico de vivir mi cumpleaños en la ciudad, planeé una ruta de escape la cual por cosas de la vida no se dio, pero abrió otra oportunidad para unas buenas vacaciones. Ahora me siento un poco más tranquila y lista para tener mi cumpleaños aquí. Espero las cosas salgan bien y yo no termine llorando en el baño atacada por mi pasado. 

Hace un año hice mi birthday wishlist y debo decir con orgullo que casi todo lo que dependía de mí, he logrado. Así, tengo laptop nueva, una hermosa gata, he avanzado en Las dos hermanas, más vestidos, más espacio en el closet gracias a la casa nueva y si todo sale bien, la próxima semana compro boleto para en septiembre irme a ver a Pollo a Toronto. La cámara buena sigue en espera pero he descubierto que soy muy feliz con la que tengo en el iPhone. La parte de la motivación para levantarme temprano todos los días.... pues... digamos que nunca seré feliz cuando suena el despertador y yo sigo con sueño, pero hoy en día me gusta mucho mi trabajo y son raros los días en que realmente no quiero levantarme. La parte del bonito novio con quién tener una relación sana... no me quiero adelantar, pero creo que voy en muy buen camino. Y eso, es un gran paso. 

Ahora... viene la lista de este año, queda un poquito de un mes para que el que quiera vaya comprando: 

  • Más ahorros en mi cuenta bancaria. Es hora de ponerme seria con el tema. 
  • Más dedicación para avanzar en Las dos hermanas. 
  • Más tiempo libre, bien utilizando en hacer las cosas que me hacen bien. 
  • Más amigos. 
  • Proyectos paralelos que me permitan aprender de otras cosas. 
  • La buena cámara que el año pasado quería. 
  • La colección de reportajes de García Márquez. 
  • Unos buenos pantalones negros. 
  • Mantenerme en el peso en el que estoy. 
  • Y por contradictorio que suene, un cheescake enoooorme. 
  • Un paseo rico de fin de semana a algún lugar que no conozco. 
  • Sillas para la nueva casa. 
  • Mesa para la terraza. 
  • La paz mental propia, disposición del otro lado y espacio para que las cosas continúen fluyendo bien con Mr. M... y en dado caso que no, la tranquilidad de que estar bien es algo que depende de mí.
  • Un vestido rojo. 
  • Terminar de dejar ir the road I never travelled.