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martes, 1 de junio de 2010

Tratando de comprender la moda y el clima


Para quienes me lean y no sepan, yo soy colombiana, bogotana para ser más exáctos. Y en Bogotá no hay estaciones. Llueve casi todo el año y aunque el clima es absolutamente bipolar (en un mismo día puede hacer el sol más espantoso y luego granizar), yo estaba acostumbrada a que siempre fuera igual. Por tanto, a mí me enseñaron que uno se viste con zapatos, botas, chaquetas y sacos. Y que cuando se va a tierra caliente se pone vestiditos, sandalias y camisas delgaditas.

Y llegué a México. Donde mucha de la gente que conozco insiste que no hay estaciones. "Aquí no es como en Canadá o en Estados Unidos. Aquí no cae nieve". Y puede que no caiga nieve pero el clima varía a lo largo del año al igual que la vegetación. Las hojas de los árboles se caen y se pasa del frio al calor en unos meses. Por tanto, para mí, aquí hay estaciones.
Y según yo, si hay estaciones, eso significa que el vestuario cambia. No tendré la necesidad de usar toda la ropa que se pone mi mejor amigo en el invierno de Toronto, pero si me abrigo más que durante el verano. Pero parece que no todo el mundo tiene la misma lógica que yo. Cuando empezó a hacer calor en esta ciudad yo cambié mi calentador por un ventilador, dejé de usar zapatos cerrados hace como dos meses y uso toda mi ropa de tierra caliente. pero mientras yo hago eso y sufro de saber que estamos a 30 grados, cada día veo a unos seres misteriososos que están en el mismo piso térmico que yo pero van por la calle con jeans, botas altas, bufandas y sacos de manga larga. ¿Por qué siguen usando botas de lana cuando hace 30 grados? Más allá de si eso es estético o no... es sano? Los periódicos informan que hay gente que se deshidrata y que hay muchos afectados por la ola de calor, que en el metro se ha llegado a registrar 50 grados centígrados, lo cual para mí es la temperatura del infierno.. pero no será que más que el calor es el hecho de estar en el metro sin ventilación, aire acondicionado, cientos de personas y un muy bonito atuendo invernal de pantalones de pana, botas de cuero y un cuello de tortuga?

Si alguno de los que me lee me ayuda a entender esto ,yo sería muy feliz. ¿Es cuestión de moda? ¿Acaso estas personas no han visto que en la industria de la moda existen las colecciones de verano y las de invierno y que NO son las mismas? O simplemente hay una raza de mexicanos con un termostato más avanzado que el mío y que por tanto, son inmunes al calor? (aunque... si eso es cierto, por qué se deshidratan en verano?)

*** Y para el que no me crea lo de 50 grados en el metro aquí esta la nota de Milenio:
http://www.milenio.com/node/453631

domingo, 21 de febrero de 2010

Historia 4: El señor Palin o el mal de vereda.


El mal de vereda es un concepto colombiano que se refiere al fenómeno que se presenta cuando una persona lleva sola un buen tiempo y se la pasa con la misma gente (como si viviera en una vereda / pueblo chico) Ante la imposibilildad de conocer gente nueva, termina andando con alguien que en condiciones normales jamás hubiera considerado siquiera aceptable ni se hubiera ajustado a sus exigencias diarias.

Y eso fue lo que me pasó con el Sr. Palin. Llevaba un largo tiempo de solteria. Y más que de solteria de no conocer a nadie. De pasarmela con los mismos y las mismas. Y en una fiesta me tomé más tragos de los aconsejables y terminé dándome besos con un niño de la maestria al que jamás había determinado antes. El chico era amigo de una de mis amigas y sólo le hablaba a ella. Para mí era el amigo de E y punto.

Nos dimos besos y yo me divertí. Y unos días después me invitó a cine. Y antes de que me diera cuenta estábamos saliendo. Al principio, como todos mis psicópatas, parecía normal. Dos carreras, inteligente y con un buen trabajo. Y claro, eso hacia que me gustara. Algún día tendré que empezar a salir con brutos a ver si la cosa mejora, porque los inteligentes son peligrosisimos.



Lentamente empecé a descubrir que este personaje es el hijo perdido de Sarah Palin. Un mexicano que si hubiera podido habría votado por Bush las dos veces. Uno que hubiera votado por McCain y que en México es Panista. Del ala más radical claramente. Lo primero que me molestó era su homofobia permanente. Para él, cualquier hombre que se mostrara como sensible o tuviera alguna característica distinta a la de los machos alfa, debía ser homosexual. Pero él jamás se referia a éstos como homosexuales o gays, les decía Jotos. Que en México es una expresión fuerte.

Yo estoy convencida de que las palabras crean realidades y que el denigrar verbalmente de manera permanente a cualquier grupo de población, esta mal. Así que terminabamos en eternas discusiones, donde yo terminaba histérica. Claramente el personaje estaba en contra del matrimonio gay "porque es contra la naturaleza, porque los jotos no pueden reproducirse y el matrimonio es para tener hijos". Y cuando yo argumenté alguna vez, que todos debemos tener los mismos derechos y no hay razón para que haya ciudadanos de segunda clase, me respondió: "ellos tienen derechos, no digo que no. Pueden tener derechos humanos, pero no deberían tener derechos civiles". Sarah Palin no lo hubiera dicho mejor.


Pero el mal de vereda era fuerte y en el fondo me gustaba tener a alguien que me llamara, mandara mensajitos y llevara a cine. Un fin de semana, nos encontramos en Cuernavaca y me llevó a disparar. Porque como buen republicano wannabe este personaje amaba disparar. Tenía colección de armas y hacia caceria. No voy a decir que no me divertí, porque me gusta hacer cosas distintas e intentar cosas nuevas. No repetiría la experiencia, pero fue divertido. Y en la medida en que sólo le disparamos a palomas de cerámica, no hubo ningún herido.

Los días pasaron y yo cada vez tenía más dudas. Pronto descubrí que según él la educación sexual en los colegios es lo peor que ha podido pasarle a la humanidad porque el sexo es pecado, que la teoría de la evolución es mentira porque Dios hizo al universo en 7 días y que el calentamiento global es una mentira que dicen los abortistas para que los ricos puedan mantener su status quo. (Jamás entendí esta última teoría y todavía estoy tratando de descifrarla.)

Un día salimos y yo andaba pucherosa. Acepto que hice todas las cosas de las mujeres que me molestan. Dije que no me pasaba nada cuando claramente me pasaba algo. Negué estar brava pero me dediqué a hacer mala cara un buen rato de la noche. El Sr. Palin decidió portarse bien y en vez de llevarme a la fiesta a la que estábamos invitados me llevó a su casa para que yo me relajara un poco. Una buena idea. Pero una vez en su casa procedió a mostrarme una de sus fotos favoritas: él frente a un venado muerto. Yo sólo pensé que estaba en la casa del asesino de la mamá de Bambi. Ante mi cara de angustia y pánico, este personaje decidió que lo mejor para animarme era sacar una de sus armas. De su closet sacó un revólver y cuando le dije que por favor no lo hiciera, que a mí no me gustaban las armas, me dijo que tranquila y procedió a dispararse varias veces. A mí casi se me para el corazón con cada uno de los tiros vacíos. Ignorando mi pánico, el Sr. Palin procedió a limpiar el revólver mientras me explicaba que ésta era una de sus actividades favoritas para relajarse. Yo no podía respirar. Le rogué que nos fueramos a la fiesta.

Necesitaba salir de esa casa.

Acepto con total vergüenza, que me tardé un poco más en comprender la realidad de lo nefasto del Sr. Palin. Incluso acepto que me dolió cuando dejamos de salir. Pero un par de días de soledad me permitieron ver lo bajo que había caído. Lo profundo que me había internado en la vereda. Y claro, lo mucho que se me había dañado el gusto.

Una vez logré ver eso, jamás volví a pensar en el Sr. Palin.