Mostrando entradas con la etiqueta traumas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta traumas. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de marzo de 2014

Too close to home

Este fue un fin de semana de cine... y anoche fue el turno de August: Osage County. Salí y tuve que irme al baño para terminar de llorarla. Porque me pegó en más traumas personales de los que quisiera. Y no, mi familia no es tan disfuncional como la de la película. 

Pero por ahí vamos. 

Uno de los ejes de tensión de la película es el reclamo que le hacen al personaje de Julia Roberts por haberse ido. Se lo echa en cara su mamá y su mamá. Ella argumenta que su marido tuvo una buena oferta pero al final es que fue su instinto de preservación. 

Y entonces yo me quedé pensando en mí. Siempre me ha parecido bonito que desde niña yo quería viajar por el mundo. Recuerdo viendo mi atlas y pensando en todos los lugares a los que quería ir. Pero hoy me doy cuenta que además de una inmensa curiosidad... yo quería huir. 

Huir de los dramas familiares, de las enfermedades, de las muertes y todas esas cosas de las que ya no hablo porque siento que ya pasaron. Pero también lo siento así, porque yo me fui. Toda mi adolescencia tuve la sensación de estar viviendo cosas que no debía y hoy me doy cuenta que es cierto. Que en efecto, no a todo el mundo le toca caer en una familia con tanto rollo. Todas los tienen, pero digamos que los de la mía son más coloridos y con más facilidad de pasar de una generación a la otra, conmigo incluida. 

Y sí, las cosas han mejorado, muchos ya no están y el resto hacemos lo posible por no repetir la historia. Y yo logré lo que quería. Cambié mi vida, me metí a terapia, cambié de amigos y busqué una forma de no seguir resonando con los dramas vividos. Hoy me doy cuenta que eso en parte me hizo llegar hasta México y eso está bien. 

Nunca terminaré de huir. Los traumas los traigo en el corazón y a veces los recuerdos se alborotan, como anoche con la película. Pero quiero creer que estoy escribiendo mi propia historia, que hasta ahora he logrado una vida buena y sana, donde estoy bien. Todos los días sé que The Bell Jar está cerca y eso me hace esforzarme por ser feliz, por hacer las cosas que me hacen bien. Por luchar por mi bienestar. 




domingo, 29 de julio de 2012

De mis eternas dudas sobre los hijos

Este fin de semana me fui a Cuerna a estar con Caro mi amiga colombiana. Ella tiene dos hijos. Emiliano de 2 años y Juan Sebastián que debe tener como 5 meses (si me dijo pero ya se me olvidó... el caso es que aún  no gatea... a qué edad los niños gatean?). Y son dos pequeños terremotos. Hermosos. Pero terremotos. Bonitos, aún más si están en foto. 

Durante muchos años yo no quise tener hijos. Me rehusaba a la idea y entre mis amigos era conocida como una devota de San Herodes... una Cruella de Vil sin pelo chévere. Y entonces conocí al Ex quién era una Susanita obsesionada con tener muchos hijitos. Y empecé a pensar que de pronto, tal vez, who knows. Y entonces me fui a India donde fui profesora de niños de primaria y aunque me hicieron la vida imposible, yo regresé a Colombia pensando que sí quería tener hijos (volvemos a que a veces pienso que soy masoquista). 

Los años han pasado, yo ya no estoy con el Ex y la idea de tener hijos es totalmente ambigua. En teoría me parece una posibilidad muy interesante, debe ser fantástico hacer vida y formar a alguien. Debe además ser chévere tener quién me cuide cuando sea viejita, porque con esta cosa de ser hija única y vivir lejos, a veces me da la angustia de qué va a pasar cuando tenga 90 y no pueda ni ir al baño sola. 

Tengo absolutamente claro que al menos en este momento de mi vida, definitivamente no quiero tener un hijo estando sola. No quiero la vida de mi mamá, mirando a ver cómo carajos me sacaba adelante, con la responsabilidad completa. Para rematar, yo no tendría a mis dos tías (sus dos hermanas) al lado para que funcionaran de niñeras y demás. Ni siquiera parecería que tendría a mis papás cerca para que funcionen de abuelos y se encarguen del chino cuando a mí ya no me de la vida. Así que como mínimo necesito un compañero a quién achantarle la co-responsabilidad. 

Y entonces me fui a Cuerna. Y conviví por un larguísimo fin de semana con estos dos bebés. Mucho más de lo que jamás había hecho. Y vaya que si eso es un buen anticonceptivo. Salí pensando que por ningún motivo quiero reproducirme. 

Ya en el camino de regreso, me quedé pensando... La verdad es que no sé si quiero dedicarle mi vida por completo a alguien. Y eso es tener un hijo. Es poner todas mis necesidades por debajo de las de alguien más. No sé si quiero que mi vida gire en relación a otro. A veces siento que ni puedo conmigo... ¿quiero encargarme de alguien más? Tal vez sea egoísmo... pero creo que es válido. Y si uno va a hacerlo, es para hacerlo bien... no para salir corriendo y dejar al chino lleno de traumas (take me as exhibit A if you wish)

Y luego de pasar un fin de semana completo de "no te subas ahí, ¡cuidado te vas a caer! no le pegues a tu hermano, por qué estás llorando, ya te hago el tetero, etc, etc, etc"... me queda muy claro que el nivel de atención y dedicación que hay que tener... es absoluto. 

Y yo no sé si quiero eso...

Eso sí... debo aceptar, que en el momento en que yo me quedé a cargo de Juanse (¿quién carajos me deja a mí a cargo de un bebé?) y logré que se quedara dormido después de muchas horas... sentí que era uno de los logros más importantes de mi vida. Y la sensación del bebé dormido completamente en paz en mis brazos... fue algo maravilloso. Que claro duró dos minutos hasta que el chino se despertó y volvió a ser el ente que llora a todo pulmón. Entonces volví a mis eternas dudas.