jueves, 19 de febrero de 2015

La vida que no fue

El fin de semana me fui con el Sr. Gelatina de paseo y nos quedamos en un hotel que era un club de golf. Y no pude evitar pensar en la vida que por un instante pude haber tenido. En otro universo hay una Lina que se casó a los 23 o 24 con el Ex, siguió levantándose temprano los domingos para ir a jugar golf, eventualmente accedió a dominar su pelo y tuvo los hijitos que el Ex soñaba tener. Quiero pensar que ni siquiera en un universo paralelo llegué a ponerme el aretico de perla que él soñaba que yo me pusiera pero no hay manera de saberlo. 

Estoy convencida que si hubiera seguido por ese camino, hoy estaría divorciada porque yo no estoy hecha para la vida que él quería. Pero una vez cada 487 días me pregunto por esa opción. Soy feliz con la vida que tengo, soy feliz en la relación en la que estoy y con la manera en que he hecho mis cosas. Eso lo tengo claro... 

Pero a veces, a veces pienso en las cosas que no pasaron y que probablemente no van a pasar. En esa casa con vista al lago, con un esposo, un perro, sin gato y unos niños. Tal vez es porque durante un breve momento de mi vida yo me convencí de que ese era el futuro que quería aunque por dentro supiera que no era así. Tal vez es porque por un momento confundí su sueño de una familia con la estabilidad emocional (que tampoco me proporcionaba) y a veces recuerdo lo bonito que sonaba ser parte de una familia como la que nunca tuve. 

El caso es que en estos días he estado dividida entre la nostalgia por una vida que no tuve y que no quiero tener y la felicidad de la vida que tengo. Entender que hay cosas que probablemente nunca van a pasar es difícil, incluso si no son las que quiero. Ayer me senté en un consultorio médico y tuve que oír que al parecer mi cuerpo esta de acuerdo con mi cerebro en que no quiero tener hijos y por tanto, 
-por lo menos por ahora- es algo casi imposible de que pase. 

Y sí, en efecto yo no quiero tener hijos. Lo he pensado y reanalizado muchas veces y la conclusión siempre es la misma. No puedo garantizar que en 10 años no me levante un día queriendo reproducirme como tampoco puedo asegurar que no voy a querer ser vegana (querido universo, por favor que no me de por ser vegana) pero digamos que en mis primeros 32 años he sido bastante consistente con el tema. 

Yo elegí no tener la vida de señora casada con niños, perro y mamivan. Yo elegí mi vida de expat que usa dr. martens en la oficina, tiene a Ginebra como única roomate y vive un amor donde nosotros creamos las reglas. 

Entonces no debería ser muy grave que me digan que es muy difícil para mí tener hijos. Pero lo es. Porque una cosa es que yo no quiera y otra que no pueda. 




viernes, 12 de diciembre de 2014

Mi resumen de fin de año

Este ha sido un año extraño. Un año de muchos cambios. Me cuesta trabajo pensar en que tan solo hace 6 meses mi vida era muy diferente. Este fue el año de llorar de emoción con musicales en NY de la mano del que quiero, sentir que no me veían en mi trabajo, de pasear por Los Ángeles y hacer desaparecer lo que quedaba del fantasma de Open-Boy, de aprender a tener tiempo libre, ver muchas, muchas, MUCHAS películas. Del Sr. Gelatina cenando con mi tía. De enfrentar abejas. Volver a oír la tristeza. Tardarme en darme cuenta que la estaba oyendo. Ir a terapia, dejar de ir a terapia, volver a ir a terapia. Preguntarme qué quiero hacer con mi vida y aceptar que lo que quiero es quedarme en México. "Eres mucho más que eso...". Tomar el riesgo de cambiar de trabajo y descubrir un mundo nuevo. Despedirme de lo que fue mi casa por 4 años y a cambio encontrar la mejor jefa que he tenido. Sentirme nuevona y lentamente dejarme llevar. Sonreír al ver mi tarjeta de residente Permanente. Decidir que no hay espacio en mi vida para alguien que me miente. Pasar 4 días en Bogotá sintiéndome querida por mis amigas y mi familia. Luchar con todo mi ser por tener la vida que quiero y ser feliz. Sentir que poquito a poquito -incluso cuando hay setbacks-, lo he logrado. 



El amor siempre será buena idea. 

Pienso en el inicio del año. Levantarse, tomar un camión lleno de gente para ir hasta la oficina, viajar casi todas las semanas, tener dudas sobre dónde quiero vivir mi vida, tener una relación de amor/odio con mi trabajo... Quiero poner la línea: "y de repente todo fue diferente". Pero la verdad es que ese cambio requirió de mucho esfuerzo, de mirar muchas opciones, de aplicar a diferentes sitios y ante todo, de hacer la reflexión de qué quería hacer con mi vida. Quedarme en México y apostarle a algo abstracto que tal vez no tenga el futuro que yo creo/creía que quiero o comprometerme con irme a otro lugar y arriesgarme a todo. 

Cuando entendí que parte de mi naturaleza y del lugar en el que me situé en la vida hacen que sin importar qué haga, siempre me preguntaré "¿qué hubiera pasado si...?", pude evaluar con cuidado qué what if era peor o menos grave. Y la idea de vivir el resto de mi vida preguntándome qué hubiera pasado si yo decidiera elegir el amor y apostarle todo... fue espantosa. No quiero vivir con la duda de cuál sería mi historia si yo me hubiera quedado y hubiera explorado esta relación extraña, abstracta, intensa, profunda y fantástica en la que me metí. 

Así que la exploré. Cuando abrí esa puerta y los dos la atravesamos, cosas fantásticas pasaron: viajes, tardes juntos, mañanas de arrunche. Derribar sus barreras y romper las mías. Conocerlo y dejar que me conociera. Sentir. Estar. Todos los días aprendo que mi peor enemigo es la monja interna que tengo y que suele intentar encajar lo que somos en un esquema cuadrado y arcaico, aún cuando somos mucho más que eso. 

Al mismo tiempo fue el año para recordar que estar en una relación es un reto constante, que por más parecidos en unas cosas, somos opuestos en otras. Que siempre hay que negociar. Fue el año para aceptar que cuando estoy sensible me pongo como un puercoespín y que eso es absolutamente contraproducente. Así como el 2013 se trató de sus barreras y sus issues, el 2014 parece que se trató de los míos. Ya veremos de qué es el 2015. 



I was supposed to be having the time of my life (Sylvia Plath, The Bell Jar)

Este fue el año para recordar que mi Belljar siempre esta en mi interior y que soy sensible y vulnerable. Cambiar de vida, un bonito desorden hormonal, acercarme a alguien que ama desde la distancia y por fin tener tiempo para pensar y sentir hicieron que de repente cosas que llevaban años guardadas en lo más hondo de mis corazas, explotaran. 

Ha sido difícil entender y aceptar que aún no resuelvo mi pasado, que la forma en que veo la vida esta mediada por las ausencias de mi infancia, que el daño que me hicieron sigue doliendo. Me da rabia y me frustra ver que mucho de lo que hago y elijo es una reacción a la tristeza que cargo en mi alma. 

Creo ser buena detectando cuando la tristeza me gana pero esta vez no la vi. Una vez más cuando todo debía estar bien, no pude aceptar(me) que yo no lo estaba. Por fortuna ahí estuvo él, quién pudo verme y me quiso lo suficiente para que en vez de alejarse, decidiera quedarse y decirme que no me veía feliz. Sus palabras me mostraron mi realidad. Y por eso, siempre le estaré agradecida. 

Las cosas están mejor y ya por fin me siento bien incluso en los días malos. El reto sigue ahí: enfrentar esa voz que me recomienda la tristeza; estoy en el proceso de aprender a curar en el presente lo que pasó hace años.

Obras son amores y no buenas razones.

Tal vez es estar en una relación donde todos los días me recuerdan que no importan las palabras porque sus actos hablan loud & clear, tal vez es que he madurado, pero este también fue el año donde decidí ponerle un peso enorme a las acciones de las personas que dicen quererme. Y con eso se fueron 3 personas de mi vida. 

Podría decir que este año perdí 3 amigos, pero la realidad es que eran personas que hace mucho se habían ido de mi vida, yo simplemente no había querido aceptarlo. En los tres casos son personas que estoy segura me quieren muchísimo y a las que yo quiero. Pero en abstracto. En la vida práctica, son personas que no están en mi vida y que no me tienen en la de ellos. 

Es difícil, porque para mí es realmente importante ser buena amiga. Mis amigos son los que me han salvado la vida y los que me han animado a estar donde estoy. Su cariño es el que me ha dado la confianza de arriesgarme a vivir mi vida como quiero. Las personas que ya no están fueron increíblemente importantes en mi vida. Con dos de ellos, la distancia nos ganó. Dejamos de hablar, de buscarnos, de contarnos cosas... de estar. Y llegó el día en que ya no era importante contar con el otro. Me di cuenta dándome contra la pared cuando les pasaron cosas gigantes en sus vidas y yo me enteré de rebote. Pienso que si a mí me hubiera pasado algo tan grande como a ellos les pasó yo hubiera querido que ellos estuvieran cerca pero no puedo garantizarlo y al final sé que yo contribuí a la distancia. Yo pude haberlos buscado más y ese es el peso que tengo que cargar.

El otro caso... es algo tan profundamente doloroso y decepcionante que aún estoy procesándolo. Aún estoy intentando saber cómo contarme esta historia a mi misma. Este duelo me esta costando más de lo que pensaba y su ausencia me pesa todos los días. Pero saber que yo había estado engañada sobre su presencia es peor. Y por tanto, es mejor aceptar que no estamos. Me digo que el tiempo curará mi tristeza y que llegará el día en que yo pueda recordarlo como el que fue tan importante, el que estuvo tantas veces y con el que hubo tantas historias. Quiero creer que llegará el día en que deje de doler saber que fue la persona que me mintió por tantos años. 

Nobody but me is gonna change my story (Matilda, The Musical)



Durante el viaje a San Francisco una de las cosas que más felicidad me dio fue comprar unas botas Dr. Martens. En mi primer viaje a Londres había comprado unas azules hermosas que usé por varios años pero que cuando dejé de pintarme el pelo y el Ex apareció dejé de usar. Crecí y de repente pareció que no había espacio para ese tipo de botas. 

Pero cuando estuve en San Francisco supe que ya tenía una vida donde puedo vestirme como quiero y ser como soy. Dr. Martens incluidas. Y cada vez que voy a trabajar con mis botas soy feliz porque son el símbolo de mi libertad. Son el símbolo de la lucha que emprendí por vivir la vida que quiero. 

Este fue el año de luchar contra lo que tengo en mi interior que me impide ser feliz, contra mi pasado, contra la necesidad de darle más importancia a las palabras que a los actos, contra el miedo de tomar riesgos. De fracasar. 

Aún cuando quedan 19 días del 2014, creo que ya puedo decir que fue un gran año porque decidí luchar por la vida que quiero y aún cuando eso implicó dolor, angustia, miedo y muchas peleas... hoy me siento orgullosa de haberlo hecho porque la vida que hoy tengo se ajusta mucho más a lo que sueño que hace un año. Y eso es fantástico. 









miércoles, 26 de noviembre de 2014

En defensa del feminismo

Sé que llego tarde a las respuestas a la columna de Alas de Orquídea, tan tarde que ya hasta le tocó salir intentando retractarse. 

Para quiénes no se han enterado, doña Anna Bolena Meléndez publicó un artículo donde criticaba a las feministas diciendo que el feminismo es "tan arcaico como ser machista, tan extremista e ignorante" porque aparentemente "hoy en día las mujeres gozamos de todos los derechos y beneficios que buscábamos (...) La realidad es que ya las mujeres pasamos de moda, Cirilas feministas, hoy en día son los gays los que emprenden su lucha por los beneficios que merecen y nosotras debemos comprender que ya, tenemos lo que queríamos". 

Y es muy difícil quedarme callada. Porque resulta que desgraciadamente el problema no está resuelto. En efecto, hay que agradecerle al movimiento feminista que hoy tengo derecho a votar, a comprar una casa y a demandar a una empresa por no contratarme por tener un par de ovarios. Pero estamos lejos de tener todo lo que merecemos y queríamos. Y queremos.  
*Y antes de que se me olvide, de una vez voy aclarando que resulta que como sociedad no tenemos una sola lucha. No es que si estamos demandando igualdad de oportunidades no podamos también demandar los derechos civiles para la comunidad LBGTI. Si vamos a hacer nuestras luchas por turnos, no vamos a terminar nunca porque resulta que en mi opinión como humanidad no estamos nada bien y al mismo tiempo que luchamos por los derechos de las mujeres y de los gays, tenemos que hacerlo por los desaparecidos de Ayotzinapa, los secuestrados en Colombia, los periodistas a los que les cortan la cabeza frente a todo el planeta y todas las demás injusticias y vergüenzas que pasan. 

Uno de los momentos más difíciles de mi vida en México fue ese en el que un cliente pidió que yo no asistiera a una junta porque "no se sentía cómodo con mi presencia ya que era un tema de hombres". Y aún cuando mis compañeros de trabajo y mi jefe estaban en desacuerdo, la decisión fue que cumpliera con lo que el cliente quería y que siguiera trabajando como siempre. Tan solo no debía dejarme ver. Porque soy mujer. Y a él eso le incomodaba. 

Quisiera decir que fue la única vez, pero he ido a muchas juntas donde piensan que soy la asistente o donde después de dar una presentación le hacen preguntas al hombre que va conmigo en vez de a mí. Y eso que soy medianamente relajada y no me emputo las miles de veces que me dicen "mi amor", "corazón", "linda" en vez de mi nombre, aún cuando eso nunca lo harían si yo fuera un hombre. 

Y digamos que a mí me ha ido bien. Aún cuando es increíblemente frustrante, desgastante y desmotivante, hay cosas mucho más graves que pasan cortesía de la desigualdad de géneros. Al parecer los indignados por la columna, le recordaron a la autora temas de la vida mexicana como "las muertas de Juárez, las mujeres desaparecidas y demás historias que no consideré". En efecto esas cosas son pruebas claras de cómo la lucha feminista sigue siendo vigente y necesaria. También podemos hablar de los miles de casos de:
  • Violencia doméstica: A 14 de cada 100 mujeres en México (14.0%) su pareja la ha golpeado, amarrado; 4 de cada 10 mujeres en México (43.1% ) han sido humilladas, menospreciadas, encerradas, les han destruido sus cosas o del hogar, vigiladas, amenazadas con irse la pareja, correrlas de la casa o quitarle a sus hijos, amenazadas con algún arma o con matarlas.
  • Desigualdad salarial: Según el Colmex la brecha salarial en México es, en promedio, de entre 6% y 8% en áreas urbanas. 
  • Falta de acceso a las oportunidades: para ver solo un ejemplo, en los 32 congresos estatales, la presencia femenina oscila entre el 8% (Querétaro) y 33% (DF), recordando que ningún estado es gobernado por una mujer. 
Pongo los ejemplos de México porque es a donde la columnista se refiere, pero podría llenar este texto de cifras del resto de Latinoamérica y gran parte del resto del mundo. 

El problema no es la columna, tampoco es su autora. Cada quién tiene derecho a pensar lo que quiera. Yo en lo personal quisiera que los columnistas estuvieran más informados y no tuvieran que recordarles que son de un país donde entre 2012 y 2013 en promedio cada día cinco mujeres fueron asesinadas de forma violenta, pero qué le hacemos. 

El problema es que su voz no es la única. Hay millones de personas, hombres y mujeres que han dejado de ver la discriminación que sigue existiendo hacia las mujeres. Y precisamente por eso, sigue habiendo discriminación. Y por eso, no estamos dónde deberíamos ni tenemos lo que queremos y merecemos. 

Y eso es grave para todos. 



lunes, 24 de noviembre de 2014

Consecuencias

Me acuerdo de la noche que mi mamá me dijo que ella era Papá Noel. Estábamos en Girardot, ella sentada al borde de la piscina y yo nadando en esta. Seguramente ya había oído rumores porque de frente y sin anestesia le pregunté si Papá Noel realmente existía (nunca creí en el Niño Dios, me parecía -me parece- totalmente ilógico que un bebé ande repartiendo regalos por el mundo, al menos el otro tiene toda la logística armada con su trineo y los renos). Ella me respondió que ella era la que me daba esos regalos. Yo me di la vuelta y nadé un rato. No me acuerdo qué sentí. Solo lo que hice. 

Pero asumo que esa fue de las primeras veces en que tuve que lidiar con el darme cuenta que había creído en algo que era falso. Que había sido engañada. Asumo que mi mamá luego me dio alguna buena explicación y por eso no me acuerdo con trauma del tema. 

Pero hoy sí me siento engañada. Hoy sí tengo que lidiar con el trauma de darme cuenta que he creído en algo que era falso. 

Y duele. Duele saberme engañada. Duele preguntarme por qué no me di cuenta, si es que no vi las señales o no las quise ver. Duele pasar las noches revisando lo que ha pasado en estos años, tratando de entender cómo fue que me engañaron por tanto tiempo. 

La cosa es que eso me lo esperaba. El over-thinking es mi característica más poderosa y claramente yo iba a pasar días analizando el pasado para intentar entender algo que no voy a entender nunca. 

Lo que no me esperaba -y que me he debido esperar- es que esta situación me ha hecho desconfiar de los que quiero. Sin que me diera cuenta, en estas últimas semanas, cuando me han dicho que me quieren, que soy importante para ellos, que me extrañan... una parte de mí ha sentido que no es cierto. Que lo dicen por compromiso y no porque sea realidad.  

Y hoy tuve que pasar mi hora entera de terapia entendiendo que tengo una especie de estrés post traumático y que me está costando confiar porque me di contra el mundo. Pero durísimo. Y de una forma que jamás creí posible. 

Pero no quiero. No quiero desconfiar. En la misma medida en que no quiero jamás volver a sentir que he sido engañada por alguien en quién confiaba ciegamente, no quiero preguntarme si es cierto cada vez que me digan que me quieren. Quiero creer en las palabras que me dice el Sr. Gelatina porque él no me ha dado ningún motivo para desconfiar. Quiero confiar en lo que he construido con él y con el resto de los que quiero. No quiero comparar lo que creo de mi gente contra esa realidad espantosa donde por cinco años creí en quién no debía. 


martes, 14 de octubre de 2014

Mal día

Los años pasan y hay días en que todo sigue siendo como un día fue. Justo hoy, un día antes de ese aniversario que es solo mío, es evidente que he ganado batallas solamente. Hoy tengo rabia con el mundo, con los que más quiero... sobre todo, tengo rabia conmigo misma. Con mi cerebro que hace cosas que no debería. 

Voy a darme el crédito de haberme dado cuenta de las cosas, así fuera un poco tarde. De hacer lo que debo y de poner mis necesidades de primeras. No escudarme en las excusas. Saber pedirle perdón a quién puse en una situación que no debería. 

Tengo 5 horas para fingir y respirar. Y es lo que haré porque es lo único que puedo hacer. 


martes, 2 de septiembre de 2014

Status: Permanente

La primera vez que fui a Londres (y sí, soy una snob que dice cosas como "la primera vez que fui a Londres"), tenía 17 años y aproveché que estaba recién graduada del colegio para hacer algo que siempre había querido pero que por las reglas del colegio no podía: pintarme el pelo de colores. Así terminé en una peluquería llena de gente tatuada, con pirciengs en todas partes y claro el pelo de colores, que para mí que era pura inocencia hasta ese punto de la vida, eran los seres más increíbles del mundo.

Pero bueno, yo no era tan inocente. Para ese punto en la historia yo ya sabía que la pintura normalita de pelo (la que uno compra en el supermercado y los colores son estilo: caoba, rojizo y negro noche) se considera permanente y que la de colores alternativos (como yo quería) no lo es. 

Cuando le pregunté al peluquero en cuestión que si había chance de que me pusiera alguna permanente para no tener que andar pintándome el pelo cada 15 días y dañando las toallas de mi casa ya que la pintura las teñía, me dijo sabiamente: No hay nada permanente en la vida. 

Y eso me gustó. No me acuerdo de mucho más de lo que hablamos, excepto eso. No hay nada permanente en la vida. 

La frase resonó tanto probablemente por todos los peros que yo le pongo a la idea de algo permanente. Una relación, una casa... un país. Pero aquí estoy hoy celebrando que por fin tengo el status de Residente Permanente en los Estados Unidos Mexicanos. 

Lo celebro básicamente porque en términos prácticos lo único que cambia en mi vida es que ya no voy a tener que pagar 2000 y pico pesos al año por vivir en México. Me ahorraré las interminables idas a Migración y eso me hará muy feliz. Creo que en este punto, ya hasta extrañaré a los de la fotocopiadora del lado a quiénes regalé cientos de pesos por servicios de internet, impresión y fotos inmundas para documento. 

Pero es difícil que no se sienta extraño. Que no haya una parte de mí que este conflictuada porque permanente suena a para siempre, suena a raíces, suena a "aquí estás y aquí te quedas". Y eso es algo con lo que nunca me he sentido cómoda. 

Creo que lo mejor es ser pragmática al respecto. Nada va a cambiar en mi vida. A lo mejor eché raíces y no me di cuenta. A lo mejor mañana, sin importar mi status migratorio, decido que es hora de irme. Pero la verdad es que no quiero, como dije la vez pasada, por primera vez desde que llegué, siento que tomé realmente la decisión de estar aquí y hacer mi vida. 

Sé que la distancia nunca dejará de pesar y espero que nunca llegue el día en que ya no me duela estar lejos de mi mundo de Bogotá porque significará que ya no tengo a qué volver. Sé que habrá días en que quiera mandar todo a la mierda e irme a Colombia en el primer avión. Pero también sé que México hoy es mi casa, que hoy cuando me levanto no hay otro lugar donde quiera vivir, que algunos de mis lugares favoritos en el mundo están en este país y en esta ciudad (Shakespeare, hablo de ti), que aquí me siento en paz y por supuesto, que aquí están algunas de las personas que más quiero en la vida. Y por todo eso, en este momento de mi vida, cuando hay días malos, cuando hay días en que extraño desesperadamente mi país, mi familia y mi gente, ya el primer impulso no es decir: pues me voy. 

lunes, 28 de julio de 2014

Por el derecho a opinar

Resulta que el otro día le estaba diciendo al Sr Gelatina que tenía que cuidar mis gastos porque a finales de agosto voy a aplicar para la residencia permanente y eso me cuesta $5,000. Y con tanto gasto que he tenido recientemente, pues es mucha plata. Le dije que sabía que en otros países me costaría muchísimo más (porque ya me he tenido que soplar el "en Estados Unidos pagarías $50,000 dólares y un riñón") pero que en esos países tendría beneficios que aquí no tengo en términos de seguridad social y esas cosas que tanto le gustan a los políticos. 

Y escudándose del bonito "no te lo tomes personal" (que claro, no me hizo inmune al muy personal comentario), el Sr Gelatina me soltó el "pues entonces vete a esos países". No lo dijo así, no es tan bruto pero básicamente fue el resumen de lo que dijo. Alegó que uno es dueño y señor de su vida y que uno elige donde vive según lo que uno quiera y necesite. 

Sé que lo dijo con buena intención y que realmente no quería que me lo tomara personal. Y si fuera la primera vez que lidio con el tema, no hubiera habido problema. Y probablemente el hecho de que yo estuviera sensible y hormonal solo empeoró las cosas. Mejor dicho: el hecho de que yo estuviera sensible y hormonal, solo empeoró las cosas. 

Pero a veces siento que mi posición de extranjera en México me pone en una situación donde el 100% de las veces, en el 100% de las circunstancias y condiciones y en el 100% de los días, todo de este país me debe parecer maravilloso, porque sino qué estoy haciendo aquí. ¿Que me molesta que mi cuadra se inunde cada vez que llueve y que no haya luz por lo que todas las noches me arriesgo a caerme en un charco? pues regresa a tu ciudad. ¿Que me emputa que haya empresas machistas que solo creen tener clientas mujeres por ser un supermercado (si, Superama, hablo de ti)? pues ahí esta la vía al aeropuerto. ¿Que creo que es vergonzoso que se hagan reformas estructurales a puerta cerrada de los ciudadanos? Mija, venga y le aplicamos el 33. 

Da lo mismo si están de acuerdo conmigo o no, los años que lleve viviendo aquí, que trabaje para empresas mexicanas, pague impuestos mexicanos y hasta salga con un mexicano, dependiendo de mi interlocutor, siempre corro el riesgo de oír el dichoso "pues entonces vete a tu país", cuando digo que algo no me parece o gusta. 

Por una parte lo entiendo, al final yo bien puedo elegir vivir en otro lugar. De hecho, durante mucho tiempo me debatí si esa era la mejor opción para mí. Pero creo que esa no es la respuesta. Más allá de creer que luego de tantos años de vivir aquí, me he ganado el derecho a opinar (ni siquiera digo votar, tan solo opinar), creo que abrirse a las opiniones de los extranjeros es positivo. Estamos en un mundo lleno de intolerancia y odio, por lo que entre más opiniones tengan derecho a existir, mejor para todos.

Y la verdad es que yo no puedo dejar de tener una opinión. La forma en que yo amo es pensando sobre lo que amo -bien pueden preguntarle al Sr Gelatina quien además de tener que aguantarse mis hormonas, sufre con mi over-thinking- pero es lo que soy y no sé hacer las cosas de otra forma. En mi pasada oficina se burlaban de mí diciendo que iba a montar el sindicato, y sé que varios pensaban el "¿y si esto no le gusta pues por qué no mejor se va?", pero a mí me gustaba trabajar para que las cosas fueran mejores, yo analizaba y señalaba las cosas con las que no estaba de acuerdo. Siempre traté que fuera un mejor lugar porque lo consideré mi casa por muchos años. 

Claramente, me pasa lo mismo con México. Porque es el país que ha sido mi casa por tantos años, porque me ha moldeado como persona, ha transformado de mi forma de ser y de ver la vida... porque aquí tengo a algunas de las personas que más quiero, he crecido profesionalmente y me he dado la libertad de escribir y arriesgarme a hacer las cosas que solo se pueden hacer cuando uno tiene a su familia y amigos a miles de kilómetros de distancia. Después de años de dudar dónde quería estar, México es el lugar donde he elegido vivir y donde decidí vivir la vida que quiero, como la quiero y con quien quiero. ¿Entonces cómo no opinar sobre este lugar?